La gran novedad del nuevo DNU con restricciones fue la decisión bonaerense de la vuelta a la presencialidad. La política la que en definitiva impone sus tiempos

Unos 700.000 chicos no volvieron a la escuela después de la prolongada cuarentena impuesta el año pasado. El dato es muy contundente, aunque el número pueda variar. Las cifras no son exactas, pero todos dan por descontado que aproximadamente ese es el nivel, lo cual es muy preocupante. De hecho, durante el debate que se dio el jueves pasado en un plenario de la Cámara baja que dio dictamen al proyecto de ley de emergencia Covid, la diputada de Juntos por el Cambio Silvia Lospennato hizo ese reclamo: "Nos preocupan los niños que abandonaron la escuela", y pidió cifras y datos precisos sobre el nivel de deserción que ha generado el cierre de colegios en pandemia.

En ese marco el gobernador Axel Kicillof anunció el viernes que volverán las clases presenciales a partir del miércoles en territorio bonaerense. Particularmente en el AMBA; en algunos distritos las escuelas no se habían cerrado y en otros continuará la virtualidad, porque el nivel de alerta sigue siendo elevado. El anuncio evidenció otra vez cierta desconexión entre áreas que a esta altura deberían combinar su accionar con precisión en semejante crisis sanitaria. El ministro de Educación nacional, Nicolás Trotta, había aclarado por la mañana que no estaban dadas las condiciones aún para una vuelta a la presencialidad, cosa que se contraponía con lo que casi a la misma hora decía del ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollán, aunque aclarando que la decisión se adoptaría recién el domingo y a partir de los últimos datos que hubiera entonces.

Esos datos se ve que sí los tenía el gobernador bonaerense, porque en ellos se basó al anunciar ese mismo viernes que las clases presenciales volverían a partir del miércoles. Convengamos que el ministro Trotta "se cura en salud" al privilegiar la virtualidad -como dicho sea de paso hizo todo el año pasado-, luego de que quedara pedaleando en el aire hace algunas semanas al militar enfáticamente lo contrario y luego ser contradecido por un decreto presidencial.

La realidad es que funcionarios provinciales y nacionales se sorprendieron por las medidas anunciadas por Kicillof, pero debieran entender que no fue más que la ratificación de que la política impera en este tiempo sobre el resto de las cosas. Si bien según los parámetros manejados hasta el momento no estaban dadas las condiciones para las modificaciones bonaerenses anunciadas, ha primado la convicción de que particularmente el tema de las escuelas es algo que terminará jugándole en contra al kirchnerismo. Es una bandera que Juntos por el Cambio en general y Horacio Rodríguez Larreta en particular han adoptado como propia y en tiempos electorales no hay que desatender ningún detalle.

El daño está hecho, afirman los especialistas, pero dar vuelta la página ahora que por fin la provisión de vacunas parece estar regularizada y a verificarse diariamente sus efectos cuantitativos, no hay que dejar cabos sueltos.

Tal cual imaginaba a fines del año pasado, cuando el Presidente comenzó a promocionar un plan de vacunación que lejos estuvo de concretarse en los tiempos anunciados, las vacunas serán para el oficialismo el principal insumo de esta campaña electoral. Las deficiencias de la campaña vacunatoria han sido notorias, como así también existió el escándalo del vacunatorio VIP, pero la esperanza oficial es que la difusión de una vacunación intensa de aquí hasta noviembre alcance para dar vuelta esa página.

No debiera confiarse tanto el gobierno. Chile ha sido uno de los países del Cono Sur donde más velozmente avanzó la vacunación, y así y todo su presidente tiene un nivel de imagen bastante bajo, y en las recientes elecciones le fue bastante mal al oficialismo. En Israel la mayoría de su población adulta ya ha sido inoculada, comenzaron a vacunar a niños de 12 a 16 años y a partir de este martes podrá dejar de utilizarse el barbijo en espacios cerrados. Así y todo, este domingo la oposición pondría fin en el Parlamento israelí al mandato de Benjamín Netanyahu, el primer ministro más duradero en la historia de ese país, que lleva 12 años consecutivos en el cargo.

Las vacunas son importantes, mas no definitivas, debiera ser entonces la conclusión de la que el gobierno tendrá que tomar nota.

Lo tiene claro el kirchnerismo, que consciente de que la economía es un flanco débil -golpeado además por el impacto de la pandemia-, insiste en bajar la consigna de "meterle plata al bolsillo a la gente" y congelar los precios. Ninguna de las dos cosas es sencilla, pero desde el kirchnerismo se le mandan señales al gobierno nacional, por ejemplo de que la paritaria no debe tener nada que ver con la pauta oficial del 29%, sino rondar el 40. Fue la señal que mandó Cristina Kirchner con el acuerdo con los trabajadores legislativos, más allá de que el tema fue eclipsado por la polémica que involucró a diputados y senadores, cuyas dietas están enganchadas con los salarios de los empleados del Congreso.

Veamos sino un ámbito más amplio que también domina el cristinismo, como es el PAMI que encabeza la camporista Luana Volnovich. El organismo acordó con ATE esta última semana un incremento salarial del 43%, más un bono de 20 mil pesos. Gremio kirchnerista si los hay, al anunciar el acuerdo ATE reivindicó haber logrado "romper el tope salarial que se intentó fijar en el Presupuesto nacional", además de haber pactado para el mes de octubre una revisión de lo firmado.

Además de las vacunas, el plan oficial apunta a lograr una apertura de todo lo que pueda ser abierto en los próximos meses, de modo tal de dinamizar la economía y reavivar el consumo de cara a las elecciones. Contribuye en ese objetivo la postergación de 30 días acordada ya por ley en ambas citas electorales. Economistas advierten que el objetivo "lógico y ponderable" de reactivar el consumo causará, en estas circunstancias, una aceleración de los precios. Es el huevo y la gallina, no hay caso

Marcha atrás como en los tiempos de Macri dio el gobierno esta semana cuando decidió recalcular el tema del monotributo. La medida, que súbitamente había generado elevadas deudas para todos esos contribuyentes al establecer nuevos valores retroactivos al mes de enero, será modificada a través de un proyecto de ley. Esa resolución era sin lugar a dudas un tiro en el pie de incalculables consecuencias, que reactivó internas en el gobierno. El miércoles Alberto Fernández convocó a su despacho a la titular de la AFIP y al presidente de la Cámara baja, para decidir la manera como el gobierno volvería sobre sus pasos. En la foto difundida no aparece Mercedes Marcó del Pont, quien deberá hacerse cargo de los platos rotos. La funcionaria es muy bancada por el Presidente, pero a esta altura ya se sabe que es garantía de estabilidad.

Especialista en comunicación -sobre todo en materia de impuestos- Sergio Massa fue el encargado de difundir las nuevas medidas. Sin hablar, obvio, de la pifiada oficial, se vendió el tema como una medida nueva. "Tomamos la decisión de bajarle la cuota del monotributo a 4 millones de argentinos", anunció el presidente de la Cámara baja por la tarde. Bien temprano se había conocido el nuevo proyecto que deberá tratar prestamente el Congreso.

Precisamente Sergio Massa emprende este fin de semana viaje a Estados Unidos, donde mantendrá reuniones con funcionarios de Joe Biden y del Parlamento norteamericano. Puntualmente se verá con la subsecretaria para Asuntos del Hemisferio Occidental, Julie Chung, y con Juan González. influyente asesor especial del presidente de Estados Unidos. También se verá con el expresidente Bill Clinton, además de una serie de actividades con empresarios y legisladores estadounidenses. El viernes visitó a Martín Guzmán en el Palacio de Hacienda, para ultimar detalles de lo que hará durante su estadía en el Norte. Si bien desde el entorno de Massa prefirieron relativizar la relación de esas charlas con las negociaciones que se mantienen sobre la deuda, "todo tiene que ver con todo". Y el objetivo central del viaje habría que encontrarlo en la búsqueda de lograr una recomposición del diálogo con Estados Unidos, que se enfrió en los últimos dos meses a partir de decisiones de política exterior adoptadas por el gobierno de Alberto Fernández que afectaron cuestiones muy sensibles para la diplomacia norteamericana.

Será bienvenido cualquier avance en ese sentido, sobre todo después de una semana en la que las controversias externas no tuvieron que ver con votos argentinos en organismos internacionales, sino con la incontinencia verbal de Alberto Fernández, que con apenas 22 palabras nos malquistó con Brasil y México. Y como bonus track, enojó al gobierno peruano al felicitar a Pedro Castillo antes de ser consagrado oficialmente ganador de las elecciones en Perú.

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