La discusión por el nuevo régimen laboral ya dejó de ser sólo un proyecto de ley y pasó a ser el eje alrededor del cual se ordenan las principales tensiones entre el Ejecutivo, el Congreso y el movimiento sindical.

La reforma laboral se convirtió esta semana en el principal campo de disputa política entre el Gobierno, la oposición y la CGT. No sólo por la media sanción que obtuvo en la Cámara de Diputados, sino porque este viernes el Senado logró emitir un dictamen que habilita su tratamiento tras los cambios en el recinto la semana próxima, en un escenario atravesado por un paro general, cruces parlamentarios y negociaciones contrarreloj que exponen tanto la determinación del oficialismo como los límites de su poder en el Congreso de la Nación.

El dato político del ultimo dia de la semana fue, precisamente, ese dictamen conseguido en las comisiones de Trabajo y de Presupuesto de la Cámara alta, que toma como base el texto modificado por Diputados y deja a la reforma a un paso de su sanción definitiva. La intención del Gobierno es llevarla al recinto antes de que finalicen las sesiones extraordinarias, a fines de febrero.

ADEMÁS: Senado: el Gobierno consiguió dictamen del proyecto de reforma laboral

Media sanción y paro general

La media sanción en Diputados llegó el miércoles por la noche, con 135 votos a favor y 115 en contra, luego de una sesión extensa y atravesada por negociaciones de último momento. Para destrabar los apoyos necesarios, el oficialismo aceptó eliminar el artículo 44, que proponía reducir el salario al 50% o al 75% durante las licencias por enfermedad o accidentes no vinculados al trabajo, uno de los puntos que mayor resistencia había generado.

Ese cambio fue decisivo para que bloques dialoguistas acompañaran la iniciativa, pero también obligó a que el proyecto vuelva al Senado, donde ya había tenido un primer aval semanas atrás. La corrección del texto explica la necesidad del nuevo dictamen firmado hoy.

La cúpula de la CGT. "El proyecto termina decantando en algo que veíamos venir", dijo Jerónimo (der.).
La conducción de la CGT rechaza la reforma laboral.

La conducción de la CGT rechaza la reforma laboral.

Mientras el Congreso debatía, la calle ofrecía otra postal. La CGT realizó un paro general de 24 horas para rechazar la reforma, con impacto en el transporte público, organismos estatales y distintos sectores productivos. La central sindical buscó mostrar capacidad de movilización y marcarle al Gobierno que la discusión no se limita al recinto. Un estudio realizado por el Instituto Económico de la Universidad de la Empresa (UADE) estimó el costo del paro del 489 millones de dólares que se perdieron.

En ese marco, el dirigente sindical Cristian Jerónimo fue especialmente duro en declaraciones a Radio La Red: “Este gobierno es un gobierno de mentirosos”, afirmó, y sostuvo que la reforma “no tiene como objetivo generar empleo sino reducir derechos laborales”. La conducción cegetista dejó además abierta la puerta a nuevas medidas de fuerza si el Senado avanza con la sanción.

"Ningún beneficio para los trabajadores"

Dentro del Congreso, las críticas también se escucharon desde distintos bloques opositores. El diputado Miguel Ángel Pichetto, de Encuentro Federal, resumió su postura con una frase que recorrió el recinto: “He leído todo el proyecto y no encuentro ningún beneficio para los trabajadores ”. Según el legislador, la iniciativa consolida un esquema que favorece a los empleadores sin garantizar creación de empleo.

Desde el oficialismo, en cambio, se defendió la reforma como una pieza central del programa económico de Javier Milei. Los libertarios y sus aliados sostienen que el actual régimen laboral desalienta la contratación formal y que los cambios propuestos permitirán reducir la litigiosidad y facilitar el ingreso al mercado de trabajo.

La eliminación del artículo 44 expuso, al mismo tiempo, la dinámica de poder real del Gobierno en el Congreso. Milei logró sostener la columna vertebral del proyecto, pero debió resignar un punto sensible para evitar una derrota, en una Cámara de Diputados donde no cuenta con mayoría propia.

En el Senado, el panorama vuelve a ser ajustado. El oficialismo confía en reunir los votos necesarios si se mantiene la versión salida de Diputados, pero sabe que cualquier intento de reponer artículos eliminados podría hacer caer acuerdos ya cerrados.

La reforma laboral se transformó así en una prueba de fuego para el Gobierno en este inicio de año legislativo: medir su capacidad de construir mayorías, de administrar concesiones y de sostener una agenda de cambios profundos sin perder el control político del proceso.

Con dictamen en mano y sesión en el horizonte, la semana deja una conclusión clara: la discusión por el nuevo régimen laboral ya dejó de ser sólo un proyecto de ley y pasó a ser el eje alrededor del cual se ordenan las principales tensiones entre el Ejecutivo, el Congreso y el movimiento sindical.

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