Al diluvio se le sumó el desborde del arroyo Maldonado, que originó una correntada de dos metros de altura. Arrasó numerosas viviendas y provocó al menos diez muertes. Dramáticos testimonios de los vecinos.
E n Villa Elvira, en el sudeste platense, el temporal se vio agravado por el desborde del arroyo Maldonado, que generó una correntada por las calles de unos dos metros de altura, según señalan las marcas de agua que aún adornan los frentes de las viviendas. El combo resultó fatal: al menos una decena de fallecidos, casillas arrasadas y familias que perdieron todo.

Un panorama desolador mostraba esta populosa barriada platense ayer por la mañana. En medio del dolor, la gente esperaba la llegada de los camiones con donaciones y que las cisternas les proveyeran agua potable. Se trata de una zona postergada donde conviven calles de tierra con precarias viviendas de chapa, madera y cemento.

Gabriel es un adolescente que ayer señalaba, aún incrédulo, los terrenos linderos al Maldonado donde yacen las bases de cemento de las casillas que desaparecieron tras el temporal. A unos metros descansaba sobre un zanjón un puente peatonal que fue arrancado de cuajo por la furia del desbordado curso de agua, al igual que un Ford Falcón que permanecía semivolcado.

Los vecinos expresaron su indignación porque a unas cinco cuadras -en 92 y 116
- está emplazado un escuadrón de Bomberos de la Policía Bonaerense que -aseguran- no hizo su aparición durante las horas críticas. La bronca hizo que durante el atardecer de ayer nuevamente se produjeran piquetes en distintas esquinas de la zona. Ante la falta de servicios, reclamaban la urgente entrega de colchones, mantas, bebidas y alimentos.

A su turno, Paulino reclamó atención para su mujer, Estefanía, que dio a luz el pasado lunes y horas más tarde tuvo que soportar el anegamiento de su hogar. "Ahora está en el hospital pero necesito que me ayuden con mi casa", indicó.

El desborde del Maldonado provocó un oleaje de dos metros de agua servida sobre las calles de Villa Elvira. Gladys ayer señaló con su índice la marca de agua que rozaba el techo de su vivienda. "Estamos a la buena de Dios. No aparece nadie. Hoy vino un camión pero estacionó a varias cuadras y la entrega de alimentos fue desorganizada. Falta agua potable y cloro para desinfectar", exclamó y recordó que frente a su vivienda pereció ahogado Enrique Monzón (52), una de las primeras víctimas fatales que ocasionó el temporal en Villa Elvira.

Los habitantes coincidieron en que los fallecidos a causa de la lluvia y el desborde del Maldonado superan las cifras reconocidas por la estadística oficial. "Sólo sobre la calle 92 murieron cuatro personas. Pero sabemos que en las casillas ubicadas a la vera del arroyo muchas familias fueron arrasadas y también se informaron otros fallecidos a varias cuadras de acá", completó Gladys.

Gritos desgarradores

En medio del descontrol y el temor por el ingreso irrefrenable del agua, muchos vecinos escucharon desde la calle gritos desesperados. "¡Auxilio, me ahogo! fue uno de los gritos que llegaban a casa. Es que muchas personas fueron arrastradas por la corriente", apuntó Omar mientras secaba unas sillas en el frente de su casa.

Ayer por la tarde efectivos del Ejército argentino y del escuadrón de Bomberos rastrillaban el lecho del arroyo en busca de más víctimas.


En medio de la tristeza y la destrucción, también hubo lugar para historias conmovedoras entre vecinos. Durante la madrugada del miércoles Julia no pudo reaccionar ante el ingreso del agua a su humilde vivienda; logró sostenerse sobre un colchón y, debido al nivel del agua, su cabeza apenas rozaba el techo. Con todas sus fuerzas, pidió auxilió y la escuchó Rubén, que vive a unos metros de allí. "Cuando llegué Julia apenas podía respirar, parecía que estaba en una pecera. Fue así que decidí romper la puerta y logré sacarla. Con la ayuda de otros familiares, pudimos llegar hasta la terraza de mi casa y enseguida la cubrimos con una manta porque estaba helada", relató a este diario el sorprendente héroe.

La solidaridad también se puso de manifiesto en la labor de los comedores populares de la zona.
Gabriela, al frente de uno de estos establecimientos, reclamó la entrega de alimentos y agua potable "al comedor que tenemos en 115 entre 95 y 96. Cada vez viene más gente que pide para comer y no tenemos qué darle. Nosotros la noche de la tormenta ayudamos a los viejitos de un geriátrico que casi mueren ahogados. La verdad, faltó ayuda oficial durante la emergencia

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