Bajo una intensa lluvia, el equipo que conduce Caruso Lombardi sumó su tercer empate sin goles de forma consecutiva y perdió la chance de seguir el tren de los equipos que luchan por el ascenso a la Primera División.
Otra vez Quilmes terminó un partido 0-0. Esta vez fue ante Ferro, en el Centenario. Fue la tercera igualdad en fila sin goles, algo que retrasó al Cervecero en la lucha por el ascenso a la máxima categoría del fútbol argentino. Los dirigidos por Ricardo Caruso Lombardi alcanzaron los 45 puntos, a tres de River, y con la chance de quedar a cuatro de Instituto, que jugaba al cierre de esta edición contra Chacarita. El envión del comienzo llevó al conjunto local a presionar adelante a su rival. Con fuerza de voluntad y más ganas que fútbol fue en busca del tanto que abriera el partido. Sin embargo, las opciones que se presentaron no sirvieron para destrabar ese cerco. Ni un disparo desde lejos de Garnier, ni las apiladas que proponía Caneo por derecha y por izquierda para dejar en libertad a los delanteros brindaron las vías para el triunfo. Para colmo, el adversario, a medida que corría el reloj se afianzaba en el campo de juego. Si en el inicio sufrió la atropellada quilmeña, cuando se vio seguro en su arco y sin filtraciones en la defensa, se animó a ir por más. Ferro, sin muchas estridencias y varias complicaciones para manejar la pelota, tuvo el dominio del trámite durante toda la etapa inicial. Atónitos, los dirigidos por Caruso iban perdiendo la lucidez del arranque. Encima, la lluvia hacía imposible el traslado normal del balón y la decisión de que las chances aparezcan desde el aire, dificultaban el armado del dueño de casa. Acostumbrado a la distribución con inteligencia y aprovechar a rajatabla los tiempos, la administración quedó en manos de la incertidumbre al observar que los caminos al gol se cerraban. Por eso se fueron al descanso con un cero que necesitaba un cambio si pretendía modificar el panorama. Y el complemento mostró a un Quilmes más activo pero con pocas ideas. Sólo desde la inventiva de Caneo se podía producir un cambio.
Ni con el Chino El Chino fue el estandarte del equipo. Tranquilo, manejó las pausas y la velocidad. Pero la puntada final lo arruinaba todo. Un centro preciso del mediocampista dejó libre a Diz, que empujó la pelota a la red pero el árbitro le cobró posición adelantada. Poco después, otra vez Caneo fue el que tomó la pelota, remató desde lejos, bombeado, y el balón pegó en el parante izquierdo del arco defendido por De Giorgi. Caruso buscó en el banco de suplentes lo que no encontraba en los titulares. Pero tampoco Romero y Vázquez habilitaron el trayecto para la victoria. Y la desesperación comenzó a presionar, algo que evidenció las fallas quilmeñas en defensa. Salmerón, sin claridad, revoleó una pelota por encima del travesaño cuando entraba solo al área frente a Trípodi. Eso marcó que iba a ser imposible romper el 0-0. Resultado que dejó al Cervecero con más problemas que soluciones.