Tras un duro proceso de reflexión, el famoso cocinero impulsa que los vecinos elaboren sus propios alimentos a partir de huertas y granjas autosuficientes y la agricultura orgánica.
La casa que Martiniano Molina tiene en la ribera de Quilmes podría ser tranquilamente el hogar de un artista excéntrico. Esa atípica cabaña hecha en madera, rodeada por el imponente paisaje del río, se convirtió en el refugio de uno de los cocineros argentinos más reconocidos del país. En ese lugar, considerado uno de los más lindos y -a la vez- humildes del distrito, se instaló Martiniano. Tras la separación de su mujer hace más de cuatro años, le surgió la necesidad de construir su propio hogar. Fue así que le pidió el terreno a su padre y comenzó a edificar la vivienda junto a dos trabajadores que lo ayudaban en la obra. No fue casualidad que este famoso personaje se refugiara en esa zona. Por el contrario, la decisión formó parte de su nuevo estilo de vida. “Dejé de hacer cosas que antes hacía, en las que estaba más expuesto, como en televisión por ejemplo. Cambié mi pensamiento hacia algo que yo considero más comprometido desde el alimento, desde la medicina y mi mirada a la educación. Y trabajo en un montón de organismos para eso”, confesó. Para llegar a este presente, Martiniano tuvo que transitar un duro proceso de reflexión personal. No es fácil, en los tiempos de hoy, resignar cifras de dinero tan elevadas como las que maneja una celebridad de televisión. “Cuando sos famoso, tenés cierta incidencia en la gente y funcionas como una generador de opinión, te pagan muchísimo por tu trabajo. Pero no es lo que todos consideran habitualmente como trabajo, eran muy pocas horas en el año y el dinero que ganaba era desproporcionado, mucho para mi. Eso me hizo pensar en todo esto, cuestionarlo y, además, reflexionar sobre donde viene y a quien perjudica”, explicó. Al dejar atrás los lujos de la fama, Molina comenzó a vincularse con ONGs y fundaciones que están en sintonía con lo que él mismo considera “un trabajo de conciencia desde el alimento”. “Cuando entendí lo que es un verdadero alimento empecé a promoverlo. Por eso comencé a relacionarme con el tema de la tierra, con las huertas y demás”, sostuvo. Actualmente, Martiniano ocupa su tiempo en recorrer el país para “crear conciencia” y que los ciudadanos elaboren sus propios comestibles. Desde huertas urbanas y escolares hasta granjas autosuficientes, pasando también por agricultura orgánica, economía sustentable y consumo consiente forman parte de la ideología que transmite. Como no podría ser de otra manera, la huella de este reconocido vecino de la zona no está ausente en la región que lo vio crecer. Particularmente se ve ese trabajo en los municipios de Quilmes y Berazategui.