Luego de que en diciembre se quedaran sin la canchita que lograron con mucho esfuerzo, tras la venta del predio a una empresa de colectivos, ahora trabajan para volver a contar con las instalaciones adecuadas.
Más de 120 chicos de Ezpeleta se quedaron sin cancha de fútbol luego de que vendieran las tierras donde habían construido un club barrial y, ahora, los padres de esos pequeños futbolistas fundaron un nueva institución e iniciaron una campaña para pedir donaciones de materiales de construcción, que serán utilizados para edificar una entidad deportiva que permita que sus hijos no pierdan la oportunidad de seguir jugando.
La mayoría de esos pibes son de bajos recursos y el fútbol cumple un función social en sus vidas, que les permite, entre otras cosas, mantenerse alejados del flagelo del paco, el problema más grave para los jóvenes de sectores carenciados.
Desde el año 1983, el Club Ferro Naval, de Ezpeleta, fue la sede por la que pasaron cientos de estos niños, que se alegraron jugando a la pelota, compitiendo sanamente y disfrutando de la vida sana de manera completamente gratuita. Sin embargo, toda esa alegría se convirtió en desazón en diciembre de 2010, cuando los dueños del predio donde estaba el club vendieron el lote a una empresa de colectivos.
La pérdida inundó de tristeza a los chicos y llenó de bronca a los padres, quienes vieron a sus hijos quedarse sin el lugar en donde los sueños iban de la mano de una pelota.
“El predio era de la mutual de empleados de Gendarmería Nacional y lo habían cedido para que hagamos un club y lo cuidemos, porque hubo muchos intentos de toma por parte de ocupas”, expresó Pablo González, técnico de la categoría 98.
Según explicaron, “de un día para el otro” no dejaron entrar más a nadie.
“Rompieron todos nuestros candados y pusieron seguridad privada, no pudimos entrar nunca más. Lo que más bronca nos dio fue que la gente de la mutual nos usó durante todos estos años. Apareció una oferta y no les importó nada el deporte de nuestros pibes, ellos nos usaron y después nos dejaron sin nada”, se quejó Noelia Gómez, madre de uno de los niños del club.
Lejos de quedarse con los brazos cruzados, un grupo de padres comenzó a buscar un otro lugar para que sus hijos continúen jugando al fútbol y recuperen todo lo que habían perdido. Fue así que la Cooperativa Quilmes, que tenía un lote destinado a la construcción de un polideportivo, entregó una parcela para este fin. De esta manera, nació el Club Infantil Nuevo Ferro, una institución llena de sueños que necesita de la ayuda de todos para que se conviertan en realidad.
“Necesitamos alguien que pueda ayudarnos con la donación de materiales de construcción para edificar de nuevo un club, como el que teníamos. También precisamos alambrados para cerrar las canchas y redes de arco. Ya mandamos muchas cartas y hasta ahora no hemos recibido respuestas”, manifestó Pablo Muñoz, técnico de la categoría 2005 y padre de la comisión directiva.

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