Este octogenario nacido el 10 de abril de 1931, casado con Yolanda Achával, es padre de cinco hijos -Beatriz, Juan Rolando, Nora, Lucía y Enrique-, recordó ante este medio que llegó a Hudson en 1956, cuando en el lugar había un puñado de casitas.
Este vecino y símbolo histórico de Hudson trabajó durante muchos años en la empresa Subterráneos de Buenos Aires hasta su jubilación, pero es electromecánico de profesión y también fue electricista y peluquero del populoso barrio Bustillo donde reside.
Don Juan Albarracín, un vecino muy querido, recordó aquel Hudson "de las calles sin asfalto, sin luz y el agua que se obtenía a través de la bomba". "Había que bombearla para sacarla", dijo. "Ahora todo cambió para mejor, el progreso se notó a través de los años", expresó.
El querido habitante del barrio Bustillo evocó aquellos años cuando "debía recorrer, todos los días, a pie o en bicicleta mi camino hasta la estación ferroviaria de Hudson, para tomar el tren diariamente hasta mi trabajo", o acompañar a sus hijos hasta la escuela.
Puntualizó el simpático don Juan, un hombre siempre alineado con la causa nacional y popular, que en aquellos recordados años el secreto del vecindario era que "los pocos vecinos que habitábamos en la zona estábamos muy unidos, nos ayudábamos entre todos".
Un ejemplo de esa solidaridad entre vecinos, quizás algo perdida actualmente, lo refleja este concepto de don Juan Albarracín: "La casa donde vivo fue construida por mí y también en algunas otras viviendas de la cuadra ayudé a levantarlas".