Quilmes sigue disfrutando el ascenso a la máxima categoría . Los hinchas acompañaron al equipo desde Aeroparque hasta el
Centenario, donde se extendió la alegría con gritos y bocinazos.
Festejo, alegría, euforia. Sentimientos indescriptibles para la gente de Quilmes, que después de haber sufrido a miles de kilómetros de distancia la victoria de su equipo ante Guillermo Brown de Puerto Madryn se trasladaron a Aeroparque para acompañar la caravana que proyectó el plantel del Cervecero, con su micro, rumbo a la ciudad.
Cientos de banderas flameando bajo un viento de mucha menor magnitud del que se padecía en la Patagonia, pero que aún así hubiese sido sofocado su frío con el calor que emanaba la multitud que recorrió las calles al grito de "Quilmes es de Primera". A paso de hombre, un trayecto inolvidable.
El elenco conducido por Omar De Felippe retornó a Buenos Aires por la noche y el arribo significó la explosión de una inmensa sensación de desahogo. Como los hinchas, los jugadores se dedicaron a ser maestros de la obra, marcando los pasos de la batuta desde lo más alto del colectivo que los transportaba. El mensaje de "Gracias" en el vidrio delantero se llevaba los mayores aplausos, que continuaban con los gritos cada vez más fuertes, alentando a un conjunto que parecía no haber padecido el trajín de un viaje extenso desde el sur del país.
Cualquier forma para demostrar la alegría valía en ese momento. Rodeados de un clima de algarabía, atrás del micro seguían en fila los autos a puros bocinazos, música para los oídos quilmeños. Con medio cuerpo afuera, los chicos y los grandes, mujeres y hombres, se abalanzaron para tratar de conseguir una foto, una mueca, un gesto, un saludo de los jugadores.
La salida de la B Nacional, los insultos contra Caruso Lombardi, algo que repitió lo que había ocurrido durante la tarde del sábado, fueron muestras, pinturas de un festejo alocado, prolijo, sencillo, pero infinitamente emocionante, pues quedó en la retina de propios y extraños, hinchas añejos y jóvenes, personas que volverán a ver a su Quilmes en la elite del fútbol argentino.
Lo que parecía imposible; lo que muchos consideraban una lucha difícil; lo que la mayoría señalaba como una factible Promoción para estirar la agonía, que lo hubiese obligado al Decano a disputar dos compromisos más, quedó registrado detrás de un ascenso merecido, una alegría grandilocuente. Una euforia que todavía perdura, y seguirá con el correr de los días. Es que Quilmes es de Primera, y la gente lo pretende disfrutar.