Vecinos y comerciantes de la avenida Mitre, en Quilmes Este, denunciaron que son víctimas de reiterados hechos de inseguridad, como robos y arrebatos, y calificaron a la zona como “tierra de nadie”. Los comercios se han convertido en un blanco de la delincuencia. El lunes pasado, la heladería ubicada en Mitre y Lugones fue atacada cerca de las 21.30, por un desconocido que ingresó armado al local, mientras que otros dos lo esperaban en un vehículo viejo sin identificación. El hombre entró, amenazó al empleado, le reclamó la recaudación y éste se la dio sin presentar resistencia. Inmediatamente salió a la calle y se retiró con sus compañeros. A esa hora, funcionando además de la heladería está la pizzería de enfrente. De acuerdo a lo señalado por una vecina, la heladería cambió de dueños hace días, “pero a la propietaria anterior del local la habían asaltado hace quince días, entonces para el vecindario son dos hechos muy seguidos”. Vigilancia La policía recorre la comercial avenida Mitre, entre Dorrego y José Hernández, sólo durante el día. De noche, la zona “está liberada” para el accionar delictivo - indicaron los vecinos - y se ha convertido en una franja muy insegura en los últimos tiempos. Además, la falta de luminarias en algunos tramos contribuye a que haya más robos y arrebatos callejeros, la mayoría no denunciados por sus víctimas. En este sentido, los vecinos reconocieron que desde que la Comisaría Primera estableció su ronda diurna, los hechos durante el día disminuyeron, pero a la noche “es una boca de lobo”. Tras los árboles “Aprovechan que la zona está muy oscura y se ocultan atrás de los árboles”, indicaron los frentistas, además de detallar que también están los “motochorros” que efectúan más arrebatos, mientras que no faltan los que ya se vuelven más violentos y se arman para amenazar a empleados o moradores y asaltar los comercios o viviendas. “Son hombres mayores de 30, armados con pistolas calibre 9 milímetros, que ingresan a las viviendas tras realizar una tarea de inteligencia durante varios días. Ingresan sin preocuparse si hay gente o no dentro, ya que si encuentran gente la inmovilizan con mordazas y precintos plásticos”, señaló la vecina.