Ribetes escandalosos alcanzó el juicio al enfermero acusado de violar a pacientes del Hospital Evita Pueblo de Berazategui, cuando, al conocerse la condena de cinco años de prisión -que no quedó efectiva debido a la apelación de la defensa-familiares de las víctimas lo corrieron a los gritos por las calles del centro de Quilmes hasta que el acusado logró refugiarse en el baño de un bar y ser protegido por personal policial. Lejos de los 20 años de prisión pedidos por el fiscal, el Tribunal Oral Criminal Nº 5 de Quilmes condenó a cinco años de prisión al enfermero de Berazategui Jacinto Simón Ponce, acusado de someter sexualmente a pacientes femeninas, a quienes habría sedado para luego violarlas. Las denuncias sobre violación fueron hechas por dos mujeres que aseguraron ante la justicia el aberrante delito que habría acontecido en una sala del Hospital Evita Pueblo de Berazategui el 25 de Marzo de 2006. Según las víctimas, Ponce las sedó a través del suero que tenían inyectado y una vez dormidas las violó con penetración anal y vaginal. “Este hombre me arruinó la vida”, relató indignada Alejandra, una de las víctimas del enfermero, mientras estuvo internada en el Hospital de Berazategui. La Asociación de Víctimas de Violaciones (AVIVI) impulsó, por su parte, el reclamo de los querellantes. María Elena Leuzzi, presidenta de AVIVI, calificó al fallo como “lamentable” y señaló que “son cinco años vergonzosos, donde se evidencia la impunidad de este hombre que cometió tales aberraciones”. Leuzzi consideró que “todo está claramente comprobado y lamento que una vez más un tribunal garantista se ponga en lugar del victimario y no de las víctimas. Pese a todas las pruebas, las declaraciones de las víctimas, decidieron dar una pena que es mucho menor a la que se estima por un caso de violación que es de 8 a 20 años y mucho peor aún, cuando en estos casos debieron haber considerado como agravantes que las víctimas fueron sedadas, que se encontraban en un estado de indefensión total, internadas en el Hospital, una de ellas después de una operación. Violadas en una institución pública que tendría que haberles garantizado seguridad y contención”.
Persecución
Al conocer la sentencia, las víctimas y familiares estallaron de indignación y persiguieron al acusado que se refugió en un bar frente al antiguo edificio municipal, a pocos metros de la Plaza San Martín, en pleno centro quilmeño. Un grupo de policías custodió el lugar para contener a los familiares y víctimas que insultaban desde la puerta a Ponce que sólo atinó a esconderse en el baño del local. Las víctimas denunciantes son dos mujeres, de 36 y 51 años. Luego de realizadas las denuncias las mujeres fueron sometidas a exámenes médicos en los que se determinó que, efectivamente, presentaban lesiones en las zonas vaginal y anal; y restos en la sangre de un potente sedante. Los jueces Mónica Rodríguez, Juan Martín Mata y Gustavo Farina, fueron quienes tomaron nota de los testimonios y documentos presentados en la sala de debate del Tribunal Nº 5, ubicada en Alem casi Sarmiento. Según el relato del esposo de una de las denunciantes, su mujer fue internada de urgencia con una pancreatitis en el Hospital Evita Pueblo. La habitación la compartía con una joven. Una noche, cuando quedaron solas, fueron visitadas por un enfermero. Además de las pericias que confirmaron los abusos también se encontraron restos de los sedantes en la sangre de las pacientes.

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