En El Triángulo las ambulancias no entran y, cuando llueve, el agua ingresa a las viviendas y los pozos se desbordan.
Vecinos del barrio El Triángulo, de San Francisco Solano, se manifestaron indignados por el mal estado en que se encuentran la mayoría de las calles de tierra del vecindario y, en ese sentido, manifestaron que “tenemos que sacar a los enfermos en carretilla porque las ambulancias no entran” y, además, denunciaron que “las casas se inundan cuando llueve porque las calles están más altas que la veredas”; motivos por los que solicitaron al municipio de Quilmes “que inmediatamente nivelen los accesos para poder ingresar y transitar por la zona”, tras un reclamo que ya lleva 58 años. Al recorrer el barrio se puede observar un panorama preocupante. Las pequeñas viviendas se amontonan unas con otras entre angostas calles de tierra y barro que están abrumadas por la contaminación. Las mismas, se caracterizan por sus numerosos pozos y desniveles que las vuelven intransitables para cualquiera que intente circular con cualquier tipo de vehículo. Con esas dificultades vive Gregoria Salinas, una de las vecinas -de 72 años- que asegura que El Triángulo es un barrio “olvidado por todos los intendentes”. “Es un problema gravísimo y más triste aún para las personas mayores como yo. Toda esta zona esta olvidada, ni siquiera nos mandan una máquina para nivelar la tierra, y si llueve el agua corre para adentro de las casas. A muchos se les queman los electrodomésticos cuando hay chaparrones”, relató la mujer.
Reclamo eterno A pesar de sus años, Gregoria Salinas no se rinde. “Tengo 72 años y hace 58 que vengo reclamando que nos asfalten las ocho calles del barrio. La gente me dice que me olvide, pero no me quiero morir sin ver al vecindario pavimentado, esto es por lo que yo peleo”, remarcó la abuela, que se transformó en una referente para todos sus vecinos. Cada vez que hay un problema, Salinas se ofrece para ayudar. “Cuando se enferma alguien, me tocan la puerta para que les preste la carretilla. Hace algunos días mi marido tuvo que llevar a don Ramos hasta la Avenida Monteverde porque sino el viejo se moría y la ambulancia no podía entrar”, describió. Y los problemas no se acaban ahí. Según describió, cuando llueve “no sólo se inundan las calles y las casas, sino que además tenemos que soportar un olor inmundo de los pozos que se desbordan”. “Con la última lluvia, estuve dos días sin tomar leche porque no podía ir al mercado. No se podía ni salir a la calle”, se quejó la anciana, que luego agregó: “Si me entero que viene algún político por acá, me junto unas moneditas y voy para enfrentarlos y pedirles, pero como soy vieja no me dan importancia”, se lamenta.