Mientras los encargados de la sobrecarga dicen que “genera una notoria pérdida de tiempo”, los usuarios de micros y subtes se quejan por las trabas para
cumplir el trámite como
para conseguir monedas.
Con el objetivo de facilitar los viajes de los usuarios en los medios de transporte públicos y combatir y evitar la escasez de monedas, además de agilizar los tiempos de los pasajeros que se desplazan en ellos, se adoptó la utilización del SUBE (Sistema Unico de Boletos Electrónicos). Pero su implementación, en Berazategui, ha generado controversias y los que se quejan son los comerciantes que deben facilitar la recarga de esa tarjeta ante el pedido de los usuarios. Los comerciantes, en especial en la zona céntrica, han hecho conocer sus reclamos, no porque les produzca tendinitis o dolores cervicales como señalaban los trabajadores de los subtes, sino por otros motivos. Así se comprueba que muchos comerciantes desistieron de ofrecer el servicio en sus locales en los comercios designados para la carga manual de esa tarea. Por lo que aluden los empleados de kioscos y locutorios de la zona céntrica berazateguense, recargar la tarjeta SUBE “genera una notoria pérdida de tiempo, congestiona el local y empeora la atención al público. Además, trae problemas de salud y encima deja muy poca ganancia”, describió un joven empleado en la calle 14. Otro de los consultados en un negocio de la calle peatonal mencionó que “el rédito que tenemos los comerciantes por otorgar el servicio de recarga de la tarjeta es casi nulo y en cambio el trabajo se nos incrementa y hasta creemos que puede ser dañino para la salud, para las cervicales y músculos”. Todo ello ha generado múltiples protestas de los habituales pasajeros usuarios de colectivos o subtes (los que se dirigen hasta Constitución), indicando que “en Berazategui te ponen mil trabas para recargar la tarjeta y por eso la mayoría debemos recargar esa tarjeta en las ventanillas de subterráneos de la terminal de Constitución o en algún local habilitado del centro porteño. Es algo insólito”, subrayó Cecilia, habitual viajera hacia la zona sur porteña. “Para mi, estos tipos lo que no quieren es laburar”, afirmó contundente Mario, un joven berazateguense que alegó estar “cansado de tener que juntar las monedas para poder viajar en ómnibus”, por lo que se mostró de acuerdo en la implWementación del servicio con la tarjeta SUBE. “Lo que pasa es que algunas empresas tienen sus propias tarjetas para viajar y de esa forma se les acaba el negocio. Por eso en algunas unidades de micros en los parabrisas colocan carteles que dicen que no poseen el sistema SUBE”, reflexionó. “Para mí es que es por un tema impositivo sobre las ganancias que tienen los dueños de los micros”, agregó como dudando de la negativa a implementar ese sistema.