El malestar de los vecinos de la ribera quilmeña, acostumbrados a que con cada lluvia la zona se convierta en un pantano, se debe a que “nos prometieron en varias oportunidades trabajar sobre las calles y hace unos meses las máquinas levantaron la calle para hacer la obra y quedamos sin nada, y esto empeoró todo”, enfatizó Arenas.