Participan jóvenes con autos y motos hasta la madrugada en un tramo de la avenida Calchaquí y no dejan dormir a los vecinos
Como ocurriera años atrás, volvieron a aparecer las picadas de autos, y hasta de motos, en la zona cercana al distribuidor vial del Cruce Varela, especialmente en la transitada ruta 36 - Av. Calchaquí. Las denuncias vecinales señalaron que “estos irresponsables, en su mayoría jóvenes, no respetan nada ni a nadie”. Acotaron los quejosos frentistas que dichas picadas, presuntamente organizadas por un determinado número de individuos que gozan con que otras personas se expongan al peligro, se realizan habitualmente en el sector comprendido entre la calle Solís y la Avenida Senzabello. Ello ocurre generalmente en horas de la madrugada. Los denunciantes aseguraron que “los que compiten en esas picadas, creemos que por apuestas de dinero por medio, son en su mayoría jóvenes que asisten a diversos boliches bailables de la zona”. Agregaron que en esas picadas se puede observar todo tipo de vehículos, inclusive algunos “preparados” o “muy tocados” en sus motores para que desarrollen una mayor velocidad. Ejemplificaron con modelos y marcas tales como VW Gol, Falcon y Fairlane “tuneados”, y numerosos Fiat 147, Peugeot, Renault y otros de distinto tipo y cilindradas. En el rubro motos, las hay de diverso tenor y marcas, en su mayoría de alta cilindrada . Las hay Honda, BMW, Yamaha, Toyota o una Gilera bien preparada. Cabe reiterar que las carreras o “picadas” se producen o se “largan” entre las 0.15 y las 2.15 de los viernes y sábados de cada fin de semana. Es como si hubiese una regla no escrita. Nadie dice conocer que se hacen, pero todos saben que se realizan y por eso concurren. Y los vecinos, que sufren y las padecen, sólo tienen que asomarse a las puertas de sus casas para observar el espectáculo automotor y el fuerte rugir de los motores de esos rodados. Los que, obviamente, no dejan descansar ni dormir a nadie en las cercanías de la ruta. Con hinchada También, según manifestaron los frentistas, cuando en ocasiones las “picadas” se extienden muchos metros en su recorrido más de lo habitual, se observa en la zona “de los puentes” del Cruce Varela la presencia de adolescentes fanáticos que los alientan desde lo alto a los distintos competidores. Esos espectadores de lujo, o hinchadas, cantan e ingieren bebidas alcohólicas como si fuese una “previa” antes de ingresar a los bailables cercanos, donde llegan pasadas las 2.30. El desbande Es común que los vecinos, cansados de soportar los ruidos ensordecedores de los motores y alguna que otra tropelía, generalmente formulen sus quejas ante las autoridades policiales para que pongan fin a esos excesos. Ocurre que la policía no siempre llega en el momento que las carreras de “picadas” se desarrollan; cuando lo hace, éstas están por concluir. Así, se origina un espectacular desbande vehicular, donde, según los lugareños, “cada conductor sale para cualquier lado, por donde puede y en diversas direcciones”. Generalmente, nadie es arrestado o demorado por esas infracciones de tránsito, aunque en un par de oportunidades los vecinos adujeron que “se escucharon tiros”. Los vecinos, ya cansados de tener que soportar esas vicisitudes “tuercas” los fines de semana, reclamaron que las autoridades competentes (policías o inspectores de tránsito) pongan fin a las anomalías sonoras que padecen y que se interrumpa ese divertimento que no los deja descansar en sus horas de sueño nocturno.