Efectivos de la comisaría 4° de Florencio Varela sorprendieron a dos delincuentes que estaban asaltando un almacén del barrio Ricardo Rojas y lograron detener a uno de ellos, que -sorpresivamente- resultó ser el hijo de la dueña del comercio. El inédito caso dejó perplejos a los policías, quienes no entendían la situación. Asimismo, la propietaria del almacén quedó en estado de shock y relacionó el intento de robo con una fuerte adicción de su propio hijo, que tiene 26 años. Todo ocurrió en horas de la madrugada, cuando dos jóvenes rompieron la reja de una ventana e ingresaron al local para robar. En ese momento, un vecino se alarmó por los fuertes ruidos que provenían del almacén y llamó al 911 para dar aviso a las fuerzas de seguridad. Un patrullero que circulaba por la zona recibió la orden y se acercó hasta el lugar en silencio. Al llegar, los policías observaron a dos individuos con varios bolsos cargados con una balanza electrónica, paquetes de pañales, dos cuchillas de carnicero y otros mercaderías. A partir de ese instante, los malvivientes observaron la presencia policial quisieron huir. Uno de ellos logró escapar, pero el otro fue interceptado por los agentes. En un intento desesperado por zafar, el joven arremetió contra los agentes con uno de los cuchillos de carnicero, aunque afortunadamente no paso a mayores y lograron reducirlo. Según relató uno de los policías presentes, al momento de hacer el procedimiento, la dueña del almacén quiso verle la cara al delincuente que intentó robarle y, fue en ese entonces cuando se llevó una amarga sorpresa. “¿Sos vos, Manu, sos vos?”, preguntaba la mujer una y otra vez al joven, mientras éste escondía la mirada por la vergüenza.
Adicción La dueña del comercio, que vive en la parte trasera del inmueble, al descubrir que su propio hijo había querido saquearle el negocio, explicó que el joven es adicto a las drogas, el alcohol y el tabaco y que hace un año se había ido de la casa. La indignación de la madre fue en aumento ya que, desde que había abandonado la vivienda, el hijo acudía diariamente para que le entregue algo de comida. El flagelo de las drogas lo alejó de sus afectos y terminó él mismo durmiendo en la calle.