"En ese momento, me di vuelta y vi cómo salían a correrme un grupo de 10 personas con palos y cuchillos, por lo que decidí escaparme", contó.
Sin embargo, no logró cumplir su objetivo ya que le hicieron una zancadilla y lo tiraron al suelo. Asustadísimo, recordó que "en ese momento ya eran 20, quienes empezaron a patearme y a gritarme que les dé lo que tenía, cuando quise darles el celular, observé que se me había quebrado el brazo".
Posteriormente, al ver su grave lesión, los delincuentes decidieron parar y se fueron con su celular y la tortilla que había comprado.
Con impotencia, Javier, quien ahora no podrá asistir por un buen tiempo al estudio fotográfico donde realiza su trabajo, mencionó que "cuando me estaban golpeando nadie se metió y ni siquiera había un patrullero cerca".
Ayuda
La ayuda llegó después cuando otro joven le acercó un teléfono para que pudiera llamar a su mamá Nelly. A este, se le sumó un empleado de la estación de servicio, quien le ofreció hielo y "algo para tomar".
"Mientras esperaba que llegue mi mamá, veo que pasa por la estación un móvil policial, que paró porque lo frenó el semáforo. Le digo al playero que vaya a contarle lo que me había pasado y le contestaron que "iban a llamar a otro móvil pero ese patrullero nunca llegó".
Lo llevaron al Iriarte y terminó en el Fiorito
Ante la falta de ambulancia y patrullero, fue la madre que, con un remís, trasladó a Javier al Hospital Iriarte de Quilmes para que le hagan las placas radiográficas y las primer curaciones.
Luego, fue derivado al Hospital Fiorito de Avellaneda, donde lo revisaron y le contaron que debía comprar una placa de titanio, cuyo valor es de 39 mil pesos, para que lo operen.
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Esa plata la necesitamos sí o sí, ya que si la quiero tener gratis tengo que esperar un mes, y la verdad es que no puedo aguantar tanto tiempo así. Ahora estoy con calmantes porque el dolor que siento es muy fuerte".