Miguel Mattera festeja hoy sus 101 años, rodeado del amor de su familia
Rodeado del amor de su familia, celebra hoy sus 101 años de vida Miguel Mattera, el vecino de Quilmes Oeste de mirada franca y nostálgica, amante de la jardinería y del barrio que eligió hace más de sesenta años para pasar sus días. “Trabajar me mantiene vivo”, dice Miguel que nació en la Isla de Isquia, Napoles, en 1910 y llegó a la Argentina 38 años después, en tiempos de posguerra, junto con su esposa y sus hijos menores, después de navegar durante 31 días por el Océano Atlántico. Llegada “Hace 72 años que vivo en Argentina, primero llegué al barrio de La Boca, donde ya hacía años que vivía un hermano y al tiempo me compré el terreno y me vine para Quilmes. Era todo campo, sólo estaba la farmacia, una casa enfrente, pero fui testigo de cómo se fue construyendo el barrio”, dice Miguel, con una memoria admirable y el afán de quien quiere dar cuenta de lo vivido durante más de cien años. Un sobreviviente Antes de emprender el viaje a la Argentina, además de trabajar en el campo desde muy chico, Miguel se desempeñó como embarcado durante casi una década, durante la Segunda Guerra Mundial. “Eran tiempos difíciles. Me tenía que tocar llegar a los 100, porque dos veces fui un náufrago. Estuve muy cerca de morir. Dos barcos en los que navegaba se hundieron, una vez me salvé de casualidad y otra fui rescatado por una nave de guerra. No era mi hora. Viajaba mucho tiempo. A mi hija Franca recién la conocí a los 20 días. Nació cuando estaba por el Africa”. En La Boca Al llegar al barrio porteño de La Boca, comenzó a trabajar en el puerto, en un astillero, hasta que se jubiló a los 55 años. “Hace más de 40 años que estoy jubilado”, dice pensativo Miguel, mientras su nieta María acota “le salió caro al Estado” y su hija Antonia comentó que “después tuvo un negocio y hasta el año pasado él mismo hacía plantines que vendía en el frente de la casa”. Primera compra A Quilmes llegó a los pocos años de arribar a la Argentina, apenas pudo comprarse en cuotas un terreno para construir, en Monseñor de Andrea al 3500. “Era todo campo, pero vine y me instalé y después fui conociendo a todos. Hoy la mayoría de los que estaban entonces ya no viven, pero todavía me gusta estar adelante de la casa y charlar con las vecinas”, manifiesta Miguel, que fue un activo miembro del Club de Jubilados del barrio “con el que me recorrí toda la Argentina, salí mucho por la provincia, gente muy simpática y amiga”.