Sabe bien lo que es tener privaciones y caminar la dura calle de los barrios pobres de Florencio Varela. Cristian Ledesma, además de ser un campeón arriba del ring, es un triunfador en lo que tiene que ver con la solidaridad.
Ese logro lo demuestra al haber fundado un merendero comedor para los chicos carenciados del barrio de Villa Angélica. Allí, asisten alrededor de 20 niños los lunes, miércoles y viernes de 17.30 a 18.30 y los sábados hacen comedor.
Con 35 años, casado y padre de dos hijos de 8 y 3 años, comentó como surgió la idea de formar la entidad. “Nació de mi voluntad. Yo era un pibe que vivía en la calle. Mi viejos se separaron y eso me afectó. Ingresé al gimnasio de boxeo de los Saucedo y comencé a entrenar con Daniel (Saucedo, padre, ya fallecido) quien vio capacidad en mi, pero con la vida que yo llevaba no me daba para seguir en el boxeo. No comía bien, vivía en la calle. Entonces eso me llevó a pensar que si algún día era alguien en el boxeo, iba a abrir un gimnasio y un merendero para que ese chico no pase lo que pasé”.
Cómo lo financia
Asimismo, en diálogo con Varela al Día, comentó que los recursos para sostener el comedor “salen de mis sponsors, pero es difícil conseguir ayuda para sumar más días. Esto comenzó en febrero y con la demora en el inicio de las clases se me llenó el merendero. Pero todo gracias a mis sponsors”.
El merendero y comedor se llama Yo Tengo Identidad. Al respecto, sostuvo que le puso así porque “es lo que uno tiene como ser humano. Todos tenemos nuestra identidad. Esa identidad se da cuando llega el sábado y comemos todos. Ustedes ven mi casa y es una casa humilde y me dicen porque no hiciste tu casa primero. Yo apunto a que mi casa no sea mi casa, sino un lugar de contención, porque a los pibes, más allá del entrenamiento, les doy una clínica de boxeo una vez por semana y ahora estoy trayendo gente de la iglesia para que les hable y se integren”.
“Podemos darle un alimento, entrenar, pero ellos se van a la calle sin una contención. Tienen un punto de llegada pero no tienen un punto de partida. Una visión, un sueño. Yo en esa clínica les cuento cómo fue mi vida, lo poco a lo que he llegado o mucho y las cosas que he dejado en el camino para llegar. Ellos piensan en la palabra de uno”, añadió.
Asimismo analizó la situación con respecto a las adicciones en Villa Angélica. Por eso, describió que “los chicos te cuentan cosas que a los padres no le comentan. Hay chicos que dejaron de fumar por el boxeo. Y también la droga. Hablo de chicos de 12 años que antes faltaban al colegio por padres que trabajan y están solos. A esos chicos les hablamos y han dejado de faltar. Estos chicos tienen una disciplina. Y vivimos en un barrio donde aparecen autos robados en las esquinas, donde los patrulleros no pasan”.
Y continuó: “Es donde mataron a las chicas y una de las chicas muertas (Sabrina Barrientos) es mi prima. Yo conozco el ambiente en Villa Angélica. Con todo esto, hacemos el trabajo social. Yo quiero que el día de mañana el merendero sea un faro en medio de la oscuridad, por lo que estamos viviendo. Yo quiero que la gente encuentre una luz.