Aumenta la posibilidad de enfermedades virales entre los más jóvenes por la falta de vacunación y comienza a ser una preocupación sanitaria.
La caída en los niveles de vacunación representa un riesgo concreto para la salud pública. Cuando disminuye la cobertura, crecen las probabilidades de que reaparezcan enfermedades prevenibles como el sarampión, la tos ferina o la poliomielitis, lo que puede derivar en un aumento de casos, hospitalizaciones y complicaciones.
Además, se ve afectada la inmunidad colectiva, es decir, la protección indirecta que se alcanza cuando la mayoría de la población está inmunizada. Esto deja más vulnerables a quienes no pueden vacunarse, como los bebés o las personas con sistemas inmunológicos debilitados.
“En los últimos 50 años, esta herramienta de salud pública permitió salvar más de 150 millones de vidas, transformando enfermedades antes mortales en afecciones prevenibles gracias a la vacunación”, explicó la Dra. Valeria El Haj. No obstante, el panorama actual genera preocupación: en los últimos años, la baja en la vacunación de niños y adolescentes encendió señales de alerta.
Hoy, uno de los mayores desafíos no es solo la circulación de virus, sino también la desinformación. Frente a los mitos más frecuentes, la evidencia científica es clara:
Seguridad: las vacunas atraviesan rigurosos procesos de investigación antes de su aprobación. Las teorías sobre autismo o microchips no tienen sustento; los estudios confirman que son seguras y fundamentales.
Eficacia: aunque el acceso a agua potable y la higiene son esenciales, no sustituyen la protección específica que brindan las vacunas frente a enfermedades que circulan globalmente.
Carga inmunológica: aplicar varias vacunas al mismo tiempo es seguro y necesario para cumplir el calendario; no genera una sobrecarga en el sistema inmunológico infantil.
Grupos de riesgo: durante el embarazo, vacunarse es clave para cuidar la salud de la madre y del bebé. Asimismo, la vacuna antigripal ayuda a prevenir una enfermedad que provoca hasta 650.000 muertes al año.
“Es fundamental recuperar la confianza social y asegurar el acceso equitativo. No se trata solo de protección individual, sino de una responsabilidad colectiva. Invertir en salud y educación es imprescindible para que las futuras generaciones crezcan libres de enfermedades evitables”, concluyó la Dra. El Haj.
Un informe reciente del CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) evaluó el estado de la vacunación en Argentina, en el marco de una iniciativa que reunió a actores del sector público, obras sociales, organizaciones civiles y organismos internacionales, con el objetivo de debatir los desafíos actuales en materia de inmunización.
El estudio señala que las tasas de vacunación en el país están por debajo de los niveles necesarios para asegurar una adecuada protección colectiva. En los últimos años, las coberturas del Calendario Nacional gratuito y obligatorio se ubicaron por debajo del 95% requerido para sostener la inmunidad comunitaria. Esta tendencia, observada desde 2018, afecta a todas las franjas etarias: niños, adolescentes y adultos.
Entre 2022 y 2024, aproximadamente 1,7 millones de niños no recibieron alguna de las vacunas correspondientes a su edad. La situación es aún más preocupante en los refuerzos de la segunda infancia y la adolescencia, donde se registran las caídas más marcadas.
Por ejemplo, el refuerzo de la vacuna triple viral que protege contra sarampión, rubéola y paperas alcanzó solo el 46,7% en niños de 5 años, cuando hace menos de diez años superaba el 90%. En ese mismo grupo, la cobertura contra la poliomielitis bajó al 47,6%.
En adolescentes, la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH), fundamental para prevenir distintos tipos de cáncer, llegó en 2024 al 55,5% en mujeres y al 50,9% en varones, cifras muy por debajo de las registradas en años anteriores.
Las bajas coberturas también se observan en adultos y personas mayores de 65 años, quienes muchas veces no acceden a las vacunas recomendadas, en parte debido a dificultades en la organización del sistema sanitario.
De acuerdo con el Índice de Confianza y Acceso a las Vacunas de la Fundación Bunge y Born, Argentina presenta un nivel de confianza cercano al 86%, superior al de varios países de la región. Sin embargo, el problema radica en una reticencia difusa y de múltiples causas, alimentada por la circulación de información falsa en redes sociales a veces incluso replicada por profesionales de la salud y por la falta de recomendación activa por parte de los equipos médicos. Este fenómeno es particularmente visible en jóvenes de entre 15 y 25 años.
Entre las razones que explican la disminución general también aparecen las barreras de acceso, como horarios limitados en centros de salud, la distancia a los vacunatorios o la dificultad para ausentarse del trabajo. A esto se suma una menor percepción del riesgo, producto del éxito histórico de las vacunas: al reducir la circulación de muchas enfermedades, parte de la población tiende a subestimar su gravedad.