El ritmo de vida actual nos lleva a plantearnos cambios de hábitos
para lograr una mejor calidad de vida, pero no siempre resulta sencillo.
Construir hábitos saludables implica cambiar conductas antiguas y
romper con ciertas resistencias.
El ritmo de vida actual atenta contra la calidad de vida, contra el tiempo de disfrute, contra la serenidad y estos factores se ven reflejados en la salud tanto física como emocional de las personas. En la consulta psicológica es cada vez más común atender a personas con problemas de ansiedad, aseguran los especialistas.
Por ello, muchas personas están interesadas en cambiar viejos hábitos y construir nuevos que les brinden una mejor calidad de vida y, por ejemplo, tener más tiempo para disfrutar de situaciones que les aporten bienestar. Pero cambiar hábitos arraigados si bien en principio sólo es un deseo, hay que ponerlo en práctica para conseguirlo y ahí comienzan las complicaciones y aplazamientos.
Hace tiempo que circula mucha información sobre hábitos saludables de vida, pero claro está, no es suficiente saber de buenas costumbres alimenticias si luego consumimos comida chatarra o conocer las bondades de hacer ejercicio si llevamos una vida sedentaria. Estar convencidos de querer cambiar es el primer paso para lograr la voluntad necesaria y hacer frente al poder de los hábitos.
La capacidad de mantener un hábito es una de las habilidades de los seres humanos. Volver automáticas algunas acciones cotidianas es una necesidad para poder ocuparse de tareas más importantes, es decir, que muchas de las acciones del día las hacemos “en piloto automático”. Entonces es necesaria la voluntad para cambiar estas costumbres y lograr los objetivos deseados. Plantearse ciertas estrategias para lograr cambios, según los especialistas, en una buena forma de ponerse en carrera. ¿Qué hacer para lograr los cambios deseados?
Escribir los objetivos deseados de manera específica.
Modificar lugares, situaciones u horarios para cortar el hilo que conduce a ciertos hábitos.
A veces es necesario cambiar el grupo de personas hasta convertir el hábito.
Medir los cambios logrados es útil para observar los progresos y mantener la motivación.
Instaurar un sistema de recompensas si logramos mantenernos en el objetivo.
Plantearse metas pequeñas, no se puede cambiar todo de un día para otro.
Identificar un hábito que se desea modificar y abocarse a cambiarlo. Cuando se haya superado este objetivo, pasar al siguiente.
Establecer tiempos para alcanzar el objetivo.
Poner recordatorios y notas en lugares visibles para no jugar al olvido.
Hacer partícipes a personas cercanas y permitirles que pregunten sobre los avances.
Acercarse a grupos de personas que tengan los mismos intereses.
Evaluar los resultados a corto plazo.
Identificar los mecanismos que funcionan y repetirlos.
No ser demasiado autoexigentes.
Buscar alternativas cuando no se obtienen los resultados deseados.
Identificar qué situaciones estimulan la motivación para lograr los objetivos.
Al planificar los cambios se debe prestar atención al estado actual de nuestros hábitos. En algunos casos la resistencia puede ser muy grande, por lo tanto, es importante fijarse objetivos pequeños y de a uno por vez.
¿Cuesta mucho? Muchas veces romper un hábito puede llevar diez o mil intentos, no importa, lo imprescindible es seguir intentando, buscar nuevas estrategias que ayuden a alcanzar los resultados deseados.
Hacer un plan Los especialistas afirman que hacer un plan concreto, en el que se detallen tiempos y acciones, asegura los buenos resultados. También sostienen que además de las estrategias, hacer visualizaciones potencia los resultados.
Romper una costumbre es dificultoso porque implica cortarle al cerebro una acción que realiza de manera mecánica y automática. Habrá una resistencia durante un tiempo, pero es posible.
18 a 254. Hay que tener en cuenta que para convertir en hábito a una nueva conducta, el cerebro necesita repetirla un número considerable de veces, algunas investigaciones dan cuenta de que son necesarios todos esos días.