El término "cardiopatía congénita" (CC) se emplea para describir las alteraciones del corazón y los grandes vasos y arterias, que se originan antes del nacimiento cuando se desarrollan las estructuras cardiovasculares principales. En el 85 a 90% de los casos se desconocen las causas de esta malformación, en el 5 al 6% se originan por alteraciones cromosómicas, el 3 al 5% se deben a defectos genéticos y otro 2% están relacionados con factores ambientales.
Las malformaciones más graves pueden ser incompatibles con la vida intrauterina, pero hay muchas que se hacen evidentes solo después del nacimiento. A nivel mundial, se estima que se presentan entre 8 y 10 casos por cada 1.000 nacimientos. En la Argentina, cada año nacen entre 6.000 y 7.000 niños con cardiopatías congénitas de los cuales unos 3.000 deberían ser intervenidos quirúrgicamente; 2.000 antes del año y un 30% dentro del primer mes de vida.
"Los avances en el diagnóstico, las mejoras en la anestesia cardiovascular, el refinamiento de las técnicas quirúrgicas y de perfusión y los adelantos en el cuidado peri-operatorio han permitido reparar con éxito malformaciones complejas a edades muy tempranas, muchas de ellas en etapa neonatal", explica el doctor Pablo García Delucis (MN 91.727) especialista en cirugía cardiovascular pediátrica y adultos con cardiopatías congénitas.
Destaca además que "en los '80, cuando la cirugía neonatal era casi inexistente, el 10% de las malformaciones se reparaban antes de los 6 meses y menos del 20% antes del año de vida. Actualmente, el 60% de los pacientes son operados antes del año de vida y el 30% en el primer mes de vida. La práctica clínica se ha sofisticado y la tecnología ha avanzado haciendo posible que niños que hasta hace 10 años morían, puedan ser tratados actualmente en forma segura".
En cuanto a los síntomas (en aquellos casos que no se hubieran detectado durante la gestación), el niño o niña presenta la piel, los labios y los lechos de las uñas azules (cianosis) debido al déficit de oxígeno; también puede tener una respiración rápida y jadeante, irritabilidad, pérdida de peso y una piel pálida que aparece húmeda y fría al tacto. También puede presentarse dificultad para la alimentación, para respirar, cansancio, aceleración de los latidos cardíacos e hinchazón de pies y tobillos.
El diagnóstico se hace por una ecocardiografía bidimensional y dopller color o 3D, RNM (resonancia nuclear magnética), TAC (tomografía axial computada) o un cateterismo hemodinámico que también puede ser intervencionista. Debido al conocimiento y el avance tecnológico hoy en día el 85% de las cardiopatías congénitas se opera con un ecocardiograma sin necesidad de otro estudio más complejo que requiera anestesia general o sea más invasivo.
La cirugía precoz o temprana de alta complejidad con buenos resultados dio lugar al surgimiento de una nueva población de sobrevivientes que requieren seguimiento durante la adolescencia y la vida adulta debido a que pueden necesitar reoperaciones. Es probable que la tendencia actual determine que los pacientes adultos con cardiopatías congénitas que requieran atención superen en número a los pacientes pediátricos en las próximas décadas.
La detección prenatal (antes del nacimiento, "en la panza de la mamá") de la cardiopatía congénita, junto con la derivación a un centro de alta complejidad donde pueda ser tratado por un equipo multidisciplinario y un tratamiento quirúrgico oportuno durante los primeros días o meses de la vida son los pilares fundamentales para mejorar la sobrevida de los niños con cardiopatías congénitas y así lograr disminuir la mortalidad infantil.
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