Desde la artrosis a otros padecimientos frecuentes en los huesos pueden combatirse si modificamos ciertos hábitos alimenticios y mejoramos la incorporación de buenos nutrientes a nuestra dieta. Proteínas, frutas secas y ciertos vegetales juegan a favor, pero también hay que estar atentos de aquellos que pueden alterar nuestra salud.
Los trastornos articulares de distinta índole son un mal que aqueja a numerosas personas. La artrosis es uno de los padecimientos más comunes y limitantes. La osteoartritis es la forma más común de artrosis, y afecta cada día a más jóvenes como consecuencia de lesiones deportivas graves o de la obesidad. El común denominador de muchas de las dolencias osteo-articulares responde a procesos degenerativos, inflamatorios y crónicos que se producen al verse afectados el cartílago, los tendones o huesos. La nutrición es clave en la prevención de algunos de estos trastornos y en la mejora de sus síntomas si se priorizan los alimentos y los nutrientes con acción antiinflamatoria y antioxidante. Conviene tener en cuenta qué comer y evitar o reducir cuando se sufre de las articulaciones, y saber cuáles son los nutrientes indispensables para los huesos.
Dentro de la amplia gama de alimentos, hay algunos cuya presencia habitual en la dieta garantizan una saludable nutrición ósea y muscular. De ellos se destaca su contenido en magnesio, elemento que aparece reflejado en las tablas de composición de alimentos, a diferencia de silicio y azufre. Ellos son las frutas secas y semillas tales como pipas, sésamo y almendras, que son, en este orden, los que más magnesio concentran, entre 250 y 390 mg cada 100 g. De las legumbres, la soja contiene 278 mg cada 100 g, y duplica el contenido en magnesio de alubias y garbanzos, y triplica el de las lentejas. Los cereales integrales como el trigo en sus distintas presentaciones, trigo inflado, salvado y germen, también el arroz integral, la avena en copos y mijo son una fuente indiscutible de magnesio, entre 250 y 380 mg cada 100 g. También la quinoa, que si bien no es un cereal desde el punto de vista botánico, se asemeja a ellos en su composición nutricional. De las verduras de hoja verde, la acelga, la espinaca y el brócoli concentran más cantidad de magnesio, entre 30 y 80 mg cada 100 g, que el resto que posee menos de 30 mg cada 100 g.
Las frutas secas como las ciruelas pasas contienen altas cantidades de polifenoles que ayudan a restaurar la masa ósea, la estructura del hueso y aumentan los índices de formación de tejido óseo, tanto en condiciones normales como de inflamación. Por su perfil nutricional, resulta beneficioso alternar éstas con higos y dátiles.
Las proteínas de origen animal, con preferencia por pescados, aves y carnes magras, en su justa medida, por su riqueza en azufre.
Las hortalizas y verduras aromáticas, tales como cebolla, ajos, puerros y verduras de la familia de las coles contienen aceites esenciales sulfurados muy volátiles. Por otra parte, hay alimentos que conviene moderar ante la presencia de dolencias articulares, porque tienen componentes que favorecen la inflamación, lo que empeora el molesto dolor en personas aquejadas de trastornos articulares. Entre los principales se incluyen verduras de la familia de las solanáceas, como tomate, berenjena, papa y pimiento. También se suma el tabaco, por eso fumar es nocivo para la salud, y en forma particular para quienes sufren dolencias articulares.