Un verano extremadamente caluroso requiere una alimentación bastante liviana, que ayuda a quienes tienen sobrepeso a bajar algunos kilitos. Y también a desintoxicar un organismo tratado, en general, con poca piedad desde mediados de diciembre, como ocurre todos los años.
Para tener en cuenta, los hidratos de carbono complejos, que son preferibles comer, son el pan y pastas integrales, avena, almendras, avellanas, castañas, nueces, y la mayoría de las frutas, verduras y hortalizas. Entre los simples y que no conviene comer en cantidad, figuran las harinas refinadas, caramelos, dulces, helados, bebidas alcohólicas y azucaradas, entre otros.
En general, es humano que todos tratemos de hacerlo rápidamente, pero no dietas milagrosas, sino alimentarse correctamente, cambiar y adoptar algunas costumbres a la hora de comer. Ya es tarde para bajar la grasita acumulada durante el invierno, sin embargo no lo es para comenzar a modificar hábitos alimentarios. Querer descender rápidamente de peso es un error. También someterse a dietas en las que se disminuyen las calorías por debajo de las necesidades del organismo, ya que puede generar futuros trastornos de salud. Según estudios realizados por especialistas, se estima que cerca de un 40% de personas que sufren anorexia y bulimia comenzaron su proceso de adelgazamiento enfermizo probando dietas de descenso rápido de peso durante el verano.
Resulta difícil elegir una de las numerosas dietas que prometen adelgazar. Sin embargo, conviene tener en cuenta la importancia de consultar al médico antes de iniciar cualquier dieta, ya que muchas de las propuestas para adelgazar que parecen inofensivas, pueden resultar perjudiciales para la salud o no ser adecuadas para cada individuo debido a que no están basadas en las pautas mínimas de una dieta equilibrada y se realizan sin ningún tipo de control médico.
Si el objetivo es adelgazar durante el verano, nada mejor que tener en cuenta los alimentos que ofrece la estación, y adoptar algunas pautas que pueden ayudar a bajar de peso naturalmente.
Según indican los especialistas, una alimentación sana y equilibrada, compatible con el sol y el calor es lo ideal. Se sabe que el efecto inmediato del calor es la deshidratación del organismo. Las altas temperaturas exigen principalmente una dieta con alto contenido en agua y fibra, que permita mantener el cuerpo hidratado, limpio y nutrido correctamente..
Básicamente entre los alimentos convenientes, está la opción de las sabrosas sopas frías, las verduras y el pescado. Las ensaladas constituyen un aliado fundamental durante la temporada de verano. Frescas y deliciosas, son el mejor modo de alimentarse y refrescarse durante una intensa jornada de calor, y la variedad de verduras y hortalizas proponen ensaladas de diversos tipos como escarola, lechuga, pepino, tomate, brócoli, remolacha, zanahorias, berros, rúcula y radicheta, entre otras.
Si además se desea que la piel esté bronceada e hidratada, se puede recurrir a los betacarotenos que contiene la zanahoria y, en general, todas las verduras y hortalizas que tienen color rojo, amarillo, naranja o verde muy oscuro. Si a estos combinados se les añaden proteínas en forma de pollo, queso, huevo o atún, se conseguirá un alimento completo.
También el pescado azul puede ser el complemento perfecto ya que su proteína de alta calidad se combina con ácidos grasos esenciales para el organismo que ayudan a regular el nivel de colesterol.
Hay que tener en cuenta que el sol intenso obliga a tener el organismo bien hidratado para que sea capaz de soportar las altas temperaturas. Por eso no sólo conviene tener una dieta rica en productos frescos, sino que hay que ingerir líquidos constantemente.
Dos litros de agua es una cantidad ideal para poder soportar los estragos del calor, aunque siempre existen otras bebidas más atractivas con las que complementar ese consumo. Por ejemplo, los jugos naturales de frutas, que poseen gran cantidad de vitaminas y minerales, no son calóricos y ofrecen sabores deliciosos. El té helado con limón es otra buena opción. Entre las bebidas que conviene tratar de evitar, figura en primer lugar el consumo de alcohol y las bebidas carbonatadas, ya que su ingesta en exceso provoca una merma de la hidratación corporal. Llevar una botellita de agua fresca en la cartera es una buena opción. Se puede poner en el freezer unas horas antes de salir, para que se mantenga fría durante todo el trayecto.