Ahora se sabe. Los varones también sienten miedo a la hora de tener una relación sexual, siendo el temor a no cumplir con las expectativas femeninas uno de los más comunes.
Por esta causa se hace presente la ansiedad, limitando la capacidad de goce y disfrute masculino, cuya sexualidad aún está culturalmente marcada por mitos, como su supuesto actuar instintivo y la necesidad de controlar a la pareja.

Nada de esto es cierto. El varón también se encuentra atravesado por el deseo, aunque lo que se espera de él pueda restringirlos con demasiada frecuencia.

Los especialistas atribuyen el fenómeno a que, al menos hasta hace un tiempo, eran ellos quienes llevaban sobre sus espaldas la responsabilidad de la respuesta sexual de su partenaire.

Sin embargo, en la actualidad abundan las situaciones en las que la mujer es la encargada de tomar la iniciativa. Ellas también cambiaron con los tiempos que corren y se permiten una vida sexual más activa y con menos tabúes, lo que podría haber causado en el sexo masculino cierto desconcierto.

La impotencia, la eyaculación precoz y el tamaño del pene son las constantes preocupaciones de los varones a la hora del sexo. Pero lo cierto es que existen tantas sexualidades como hombres, ya que cada relación es diferente a otra.

Aquellos que se inician sexualmente en un ambiente tranquilo y con una pareja estable consiguen, generalmente, un mejor desenvolvimiento en su sexualidad futura.

Pero los problemas van cambiando con la edad. Las primeras consultas sexológicas suelen aparecer alrededor de los 30 años, encabezando las mismas en esta etapa de la vida aquellos problemas relacionados con la eyaculación precoz.

Entre los 30 y los 40 el estrés aparece como un elemento condicionante del desempeño sexual, ya que tienen especial impacto los factores económicos y laborales.

Alrededor de los 40 es cuando suelen manifestarse los primeros problemas de erección.

Pero es a partir de los 50 cuando la curva de consultas empieza a hacerse más marcada porque es el momento de la aparición de problemas orgánicos, que impactan en los inconvenientes para alcanzar erección masturbatoria o matinal.

Factores como la obesidad, la diabetes, el colesterol elevado, el tabaquismo y la hipertensión -que afectan el sistema circulatorio y, por ende, la irrigación sanguínea hacia el pene- podrían ser las causas.

Lo importante es saber que para cada uno de estos problemas existen tratamientos, que pueden incluir psicoterapias específicas o medicamentos, situación que solamente el profesional responsable puede discriminar.

Entre las primeras, pueden trabajarse ciertos aspectos conductuales que apuntan a educar y brindar elementos para mejorar las relaciones.

Los segundos, por su parte, suelen incluir ansiolíticos y el siempre vigente Viagra, dependiendo de la situación y, por supuesto, de la edad.

Hablar claramente sobre sexo es una de las puntas más importantes para encarar el problema, ya que el mismo es un hecho humano natural y es fundamental que sea tomado como tal, dejando de lado mitos y prejuicios para recuperar la capacidad de disfrute.

Tips
La aparición del sildenafil (comúnmente conocido como Viagra) revolucionó la vida de relación de parejas que ya habían dejado la actividad sexual de lado como una etapa natural que debía ocurrir y finalmente ya había llegado y aceptaban sin mayor conflicto... al menos aparentemente.

Como el “mercado” referido al sexo es muy amplio y demandante, luego del sildenafil aparecieron los genéricos vardenafil, cialis y apomorfina, que cumplen la misma misión. Sólo que la apomorfina no actúa sobre lo físico como el Viagra, sino que lo hace sobre zonas del cerebro que se encuentran inhibidas.

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