Con las vacaciones, la preocupación por la figura hace que muchas personas se vuelquen en forma intensiva al gimnasio o a las dietas (a veces promocionadas como "milagrosas"). Y los milagros no suelen ser cosa de todos los días
Este fenómeno estacional, más intenso en el sexo femenino y en las adolescentes, hace que los padres detecten cambios preocupantes en la conducta, y se acerquen a las instituciones médicas para realizar consultas sobre patologías alimentarias.

"Quizá no lo hacen al principio, cuando escuchan a sus hijos hablar de dietas y de cuidarse con la comida. Pero luego empiezan a notar ciertos aspectos patológicos, y se alarman", explica la doctora Mabel Bello (M.P. 36.440), médica psiquiatra y directora de un Posgrado en Patologías Alimentarias, de la UBA (Universidad de Buenos Aires).

"Ese es el momento de preguntarse si obsesionarse con estar flaca tiene sentido, cuando las consecuencias pueden ser tan serias", señala Bello, que es la Directora Médica de ALUBA (www.aluba.org.ar), Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia.

La bulimia se caracteriza por la obsesión de tener un cuerpo delgado. Los pacientes tienen "atracones" en los que comen en exceso, pero como sufren de un miedo patológico a engordar, luego intentan compensarlos con vómitos, un exceso de actividad física, pastillas para adelgazar, etc...

La anorexia, por su parte, es una patología por la cual las personas se sienten excedidas de peso aunque sean muy delgadas. Con esta obsesión van dejando de comer casi todo tipo de alimentos, y en los casos más severos pueden llegar hasta dejarse morir de hambre.

Los trastornos alimentarios tienen el mayor índice de mortalidad de cualquier enfermedad mental. En los últimos años, las patologías alimentarias han aumentado. Esto puede deberse a dos factores fundamentales: por un lado, la búsqueda de la aceptación por parte de un grupo de pertenencia (pares, amistades, etc...), y por el otro, las exigencias de sus grupos de referencia (grupos sociales). ¿Qué tipo de exigencias? Ser eternamente jóvenes, hermosos, exitosos, "cool", gozar al límite de la vida (aquellos buscadores de emociones).

A esto se suman ciertas características de personalidad como baja autoestima, el afán de ser perfectos, un alto nivel de autoexigencia y autocrítica, y la dificultad para expresar emociones. Todos son indicadores de que algo no está bien.

Pero cuando los padres están atentos a sus hijos y a lo que pasa en sus vidas, pueden detectar las señales de estos trastornos alimentarios: los cambios en la manera de ingerir alimentos (si comen compulsivamente pero no engordan, por ejemplo, o si "juegan" con la comida en el plato pero en definitiva ingieren muy poca cantidad), si realizan comentarios despectivos acerca de su talla y su peso, o sobre "cómo les queda la ropa".

O si dedican una desmesurada atención a los parámetros de belleza de los medios de comunicación, por ejemplo, que suelen ser desproporcionados con la realidad (por caso, se sabe que la modelo promedio pesa 23% menos que la mujer promedio), y que el 25% de las mujeres en edad universitaria participan en comilonas y purgas, como técnica de control de peso.

Los desórdenes alimentarios esconden distintos conflictos afectivos, y su tratamiento es complejo. El proceso para combatir la bulimia y la anorexia puede durar varios años, durante los cuales el paciente debe ser atendido por un equipo de psicólogos, psiquiatras y nutricionistas, entre otros especialistas.

En ese sentido el papel de los padres -y de toda la familia en general- es clave, tanto para apoyar a los pacientes como para estar atentos a los problemas subterráneos que puedan estar generando o contribuyendo al desarrollo de la patología alimentaria.

 
Observe si sus hijos tienen un trato obsesivo con la comida (por ej. si cuentan calorías o gramos, o comen sólo ciertos productos y marcas). La adicción a las dietas puede derivar en trastornos importantes.


Hay que estar atentos

Esté atento a los cambios de conducta: si se aislan, están más agresivos, revuelven el plato para ocultar que comen muy poco, y están obsesionados con la imagen.

¿Y la familia?
Lamentablemente el bulímico o anoréxico no reconoce estar enfermo, y por lo tanto no quiere atenderse. El mejor camino es consultar a un especialista.

Contacto

Registro ISSN - Propiedad Intelectual: Nº: RL-2025-11499155-APN-DNDA#MJ - Domicilio Legal: Intendente Beguiristain 146 - Sarandí (1872) - Buenos Aires - Argentina Teléfono/Fax: (+5411) 4204-3161/9513 - [email protected]

Edición Nro. 15739

 

Dirección

Propietario: Man Press S.A. - Director: Francisco Nicolás Fascetto © 2017 Copyright Diario Popular - Todos los derechos reservados