El objetivo de las políticas públicas debe ser el bienestar de las personas y de las sociedades. Y esta esencial tarea requiere construir puentes cada vez más fuertes entre la ciencia

El mes pasado se llevó a cabo un simposio de Fundación INECO para reflexionar sobre el rol de las neurociencias en el diseño de las políticas públicas. Se trata de una excelente manera de contribuir a pensar, diseñar y evaluar decisiones más eficientes para proyectar un país mejor. Porque el objetivo de las políticas públicas debe ser el bienestar de las personas y de las sociedades. Y esta esencial tarea requiere construir puentes cada vez más fuertes entre la ciencia, los decisores políticos y la comunidad en su conjunto.

Es necesaria una mirada integradora que considere el conocimiento que aportan disciplinas como la psicología cognitiva, la biología, las ciencias económicas, la sociología, el derecho, las ciencias de la educación, la etnografía y las ciencias políticas, entre otras, para el diseño y puesta en práctica de las políticas públicas. Por su parte, las neurociencias y las ciencias del comportamiento ayudan a impulsar un salto de calidad a la hora de pensar las intervenciones sociales porque estudian el comportamiento real de las personas en sus contextos particulares.

Conocemos muchos ejemplos de intervenciones probadamente exitosas en el mundo; pero lo que ha funcionado en un tiempo y lugar debe ser tan solo un punto de partida. No podemos dejar de lado los contextos socioculturales al momento de pensar o escalar estas acciones. Es por eso que el monitoreo y la evaluación de las políticas es esencial y retroalimenta, a su vez, el trabajo de los científicos. Ni el gobierno, ni la sociedad civil, ni la comunidad científica pueden desentender lo que ocurre con las políticas en su implementación.

Profundizar este lazo entre la ciencia y la política pública nos ayudará a afrontar uno de los grandes y urgentes desafíos en nuestro país: la lucha contra la pobreza. Sabemos que es posible contrarrestar los efectos negativos de la pobreza a lo largo de todas las etapas del desarrollo. Aún resta mucho trabajo por hacer en esta área. Toda política de lucha contra la pobreza debe tener en cuenta que el desarrollo humano depende del contexto y la cultura. En este sentido, los ganadores 2019 del premio Nobel de economía proponen “combatir la pobreza con evidencia científica”, y afirman que un programa debe partir de entender la complejidad de los problemas que aborda y llevarlo al contexto particular de cada comunidad, en lugar de reducir a las personas a conceptos generales o abstractos.

Necesitamos contar con la mejor evidencia disponible para la construcción de intervenciones más profundas que buscan resultados a largo plazo. Articular esfuerzos desde diversas disciplinas nos permitirá reducir la desigualdad de oportunidades en las distintas etapas de la vida y construir una sociedad más equitativa.

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