Los 18 años suelen ser una etapa de la vida repleta de dificultades en lo que a la alimentación se refiere. Es muy fácil que se acentúen los errores que hayan podido estar cometiéndose en años anteriores
Y es que ahora ha disminuido el control que la familia ejercía en ese terreno. Como consecuencia de esto, las dietas se toman muy desequilibradas, casi absolutamente carentes de fibra, extremadamente ricas en grasas y muy poco elaboradas. Son muchos los jóvenes que, a partir de los dieciocho años y por diversos motivos, comen fuera del hogar familiar.
A esta edad las necesidades u obligaciones requieren, en muchos casos, una alimentación "callejera", más improvisada y por lo tanto bastante menos controlada que antes.
El consumo repetido, prácticamente diario, de los mismos alimentos, salchichas, sandwichs, pizza, etc. El escaso poder adquisitivo, la inconsciencia típica de esta edad y el desconocimiento casi completo de los alimentos y sus propiedades son sólo algunos de los factores que con frecuencia favorecen la aparición de excesos o insuficiencias de minerales y vitaminas.
Este tipo de alimentación puede tener consecuencias negativas para la futura salud del joven tanto a corto como a largo plazo.
Empezar mal el día No es extraño que a esta edad se dé comienzo a la costumbre de suprimir del todo el desayuno o de limitarlo básicamente a algún bizcocho o algo de jugo o bebida gaseosa, lo que resulta totalmente insuficiente. Ambas opciones suponen, además, un desequilibrio nutritivo ya desde el principio que favorece el desorden de la dieta para el resto de la jornada.
Teniendo en cuenta las estadísticas, se podría resumir la alimentación durante este período de la vida en varios puntos. En primer lugar, se produce un exceso de alimentos grasos, por un consumo desmesurado de artículos de repostería y otros alimentos grasos, como hamburguesas, papas fritas y similares. En segundo lugar, existe casi siempre una elevada ingesta de productos azucarados, sobre todo bebidas con gas y chocolates, además de cantidad de galletitas dulces.
A estas edades, la falta de escasez de fibra es una constante en la alimentación. Las verduras, por ejemplo, brillan por su ausencia, y no se es tampoco demasiado amigo de las frutas
Es para destacar igualmente, una insuficiencia en el consumo de lácteos o derivados . En consecuencia, la cantidad total de energía de estas dietas , aportada por las grasas, excede en mucho a la que sería recomendable.
Se estima que el aporte energético de los lípidos constituye aproximadamente el 40 por ciento de la alimentación total del díaï.
Principios básicos En realidad los principios dietéticos que hay que observar a los 18 años son los mismos que rigen a cualquier edad. La alimentación ha de ser en definitiva, plural y variada, y es importante esforzarse por concientizar al joven de que la salud bien merece que se le dedique unos cuantos minutos al día.
En este sentido, lo primero que debe comprender es que el desayuno no es un mero capricho o costumbre y que para empezar bien el día no sirve comer cualquier cosa.
Este primer bocado de la jornada debe ser una verdadera comida, ya que de él depende buena parte del rendimiento del resto del día.
A partir del desayuno hay que repartir adecuadamente todas las comidas con el fin de evitar las notables hipoglucemias que se producen a veces, así como el error de que el mayor aporte energético se efectúe por la noche.
Y es que siempre resulta mucho más saludable hacer comidas poco copiosas a lo largo del día que darse un solo atracón de dimensiones monumentales.
La ingesta de leche y sus derivados es muy importante. Por muy adultos que puedan sentirse los jóvenes de 18 años, la mayoría de ellos aún se encuentra en período de crecimiento y estos alimentos los constituyen una excelente fuente de calcio.
Es frecuente escuchar que los jóvenes no comen bien, que sólo consumen comida "chatarra". Los padres ocupan su tiempo y energía en prepararles platos saludables que ellos a veces rechazan. ¡Cuidar las proteínas! Las dietas vegetarianas, muy frecuentes en los adolescentes, no deberían reducirse al hecho de evitar las carnes rojas, ya que de esta forma se logrará una desnutrición proteica grave. 40 por ciento en total por día, es lo que constituyen los lípidos de la alimentación de los jóvenes. Esto contribuye a que un alto porcentaje de adolescentes padezca insuficiencias de calcio, magnesio y hierro.
¿Y si se aburren? Un joven no tiene porque aburrirse para alimentarse en forma correcta. Si se proveen en forma equilibrada de esta mayor cantidad de calorías que necesitan , podrán continuar disfrutando de sus comidas preferidas.