Solemos buscar el reconocimiento social. Es más probable que una persona adopte una conducta nueva o genere un cambio si alguien cercano o importante lo hace

La manera en la que tomamos decisiones está influida por la sociedad en la que vivimos. Por ejemplo, solemos buscar el reconocimiento social. Entonces este objetivo actúa como una recompensa ante las acciones que son valoradas positivamente en la comunidad. Es más, en ciertas ocasiones, puede tener más peso en la conducta de una persona querer ser reconocido que un incentivo material.

Asimismo, la toma de decisiones depende de nuestras preferencias y creencias, que se forman a partir de las relaciones sociales. La manera en la que vemos el mundo y lo pensamos parte de la comprensión que tiene nuestra comunidad sobre él. Aprendemos así qué conductas son adecuadas y qué actitudes debemos tener respecto a determinados asuntos. Por eso, es más probable que una persona adopte una conducta nueva o genere un cambio si alguien cercano o importante lo hace. Los conceptos, relaciones, categorías, estereotipos y todo aquello que compone nuestra forma de entender el mundo conforman modelos mentales. Cuando los compartimos se fortalecen la cohesión y la cooperación dentro del grupo, y esto facilita el entendimiento al momento de resolver problemas colectivos.

También tenemos una serie de creencias compartidas sobre lo que es esperable y lo que no (también conocidas como “normas sociales”). Estas ideas determinan en gran medida la toma de decisiones de sus individuos. Seguir normas está en nuestra naturaleza, venimos al mundo con un mecanismo que nos permite observar las interacciones de los que nos rodean e imitarlas, algunas veces de forma consciente y otras veces de forma no consciente. De hecho, el proceso de establecimiento de las normas sociales sucede en la mayoría de los casos de forma implícita, sin que haya alguien eligiendo deliberadamente su aplicación. De esta manera, las normas sociales afectan nuestra toma de decisiones la mayoría de las veces de forma no consciente, a veces para bien y otras para mal. Así, por ejemplo, un estudio en Francia mostró que los adolescentes que pensaban que sus pares tomaban más alcohol que el que realmente tomaban, tendían a presentar mayores ingestas de alcohol ellos mismos. También venimos programados para observar a los demás y castigar su conducta cuando se desvía de la norma.

Las identidades sociales que desarrollamos, las redes de relaciones sociales y las normas sociales que rigen en nuestro entorno tienen una gran incidencia en el proceso de toma de decisiones. Preguntarnos sobre nuestras motivaciones y actitudes como comunidad es clave para consolidarlas en el caso de que así lo decidamos y, caso contrario, transformarlas colectivamente.

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