Debemos comprender que esta enfermedad progresiva no es una consecuencia normal del envejecimiento ni propia de la vejez, sino que representa una patología específica

El Alzheimer es una de las principales causas de discapacidad y dependencia entre los adultos mayores. Se trata de la demencia más frecuente. Es una enfermedad progresiva e irreversible que ataca al cerebro y lentamente afecta la memoria, la identidad y la conducta, impactando en el funcionamiento social y ocupacional. Debemos comprender que no es una consecuencia normal del envejecimiento ni propia de la vejez, sino que representa una patología específica.

Hasta ahora, no ha sido identificado un único factor como causante de la enfermedad. Sin dudas, el factor de riesgo más importante para padecerla es la edad. En consecuencia, se ha transformado en un gran problema para la salud pública porque, como bien sabemos, el envejecimiento de la población mundial está aumentando significativamente.

De forma típica, al inicio de la enfermedad pueden observarse problemas en la memoria más reciente (preguntas reiterativas, dificultad para aprender algo nuevo, olvidar eventos o citas), desorientación en lugares familiares o conocidos, problemas en la comunicación y en el lenguaje, progresiva dificultad para manejar bien los gastos o cuentas personales, problemas para razonar, resolver problemas o tomar decisiones adecuadas, pérdida de la iniciativa, depresión y dificultad para realizar las actividades cotidianas. Es necesario destacar que no toda afectación de la memoria indica el comienzo de la enfermedad de Alzheimer. La evidencia más importante de alarma a tener en cuenta para medir cuándo el olvido es normal y cuándo no, resulta de una clara disminución (o no) de la memoria presente comparada a cómo era unos meses o años atrás.

En nuestra región las personas con esta demencia son cuidados en un porcentaje alto en sus hogares, por sus familiares, amigos o vecinos. Si bien las personas que padecen la enfermedad son sin dudas quienes merecen nuestra mayor atención, debemos considerar también la salud de los cuidadores porque experimentan momentos de estrés, algunas veces severo. Por estas razones, se los llama el “otro enfermo”.

Aunque todavía no existe una cura, hay fármacos que se utilizan para los problemas cognitivos y conductuales. La estimulación de las funciones cognitivas y del desempeño funcional de la persona con Alzheimer también es importante porque permite retrasar su avance. Es fundamental además que los familiares o los cuidadores tengan la mayor información posible acerca de la enfermedad e identifiquen recursos y ayudas existentes en la comunidad y en los profesionales a cargo del tratamiento.

Ayer, 21 de septiembre, fue el “Día Mundial del Alzheimer”, una fecha que busca concientizar sobre esta enfermedad, terminar con los estigmas existentes y contribuir a mejorar la calidad de vida de los enfermos y de sus cuidadores. Este debe ser nuestro compromiso.

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