La mejor manera de aprovechar todas las oportunidades y afrontar los conflictos de esta nueva era será apostar por la investigación, la innovación y la creatividad. Nuestro desafío es hacer un país próspero y fortalecer la República

Los cambios mundiales no van a detenerse, más bien van a tomar cada vez mayor velocidad. Esto va a multiplicar las posibilidades de crecimiento, mejorar la calidad de vida y favorecer el desarrollo de muchos países del mundo. Pero también surgirán nuevos e inesperados desafíos y dificultades para nosotros y para las generaciones futuras. Por ejemplo, de acuerdo con especialistas, 5 millones de puestos de trabajo desaparecerían en los próximos años a manos de la tecnología. Por todo eso debemos estar preparados. La mejor manera de aprovechar todas las oportunidades y afrontar los conflictos de esta nueva era será apostar por la investigación, la innovación y la creatividad.

Aquellos países que inviertan en desarrollo humano –adecuada nutrición, educación de calidad, salud, infraestructura, ciencia, cultura– contarán con una ventaja comparativa, porque podrán preparar a sus jóvenes en las habilidades necesarias para crecer y responder a las demandas laborales futuras. Nuestra mente es la herramienta que más debemos cuidar, estimular y potenciar durante todas las etapas de la vida. Porque la clave del progreso de nuestro país está en el cerebro argentino y en la manera de conectarnos unos con otros para construir una visión de país.

En adelante, si queremos prosperar en medio de una sociedad global cada vez más interconectada y competitiva, ni los recursos naturales, ni la industria, ni el sistema financiero serán las piezas sobresalientes del progreso, sino las capacidades y talentos de sus ciudadanos y ciudadanas. El Atlas de la Complejidad Económica, elaborado por el Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, estudia cómo los países trasladan conocimiento a los productos que importan y exportan. Muestra que un gran porcentaje de las exportaciones de nuestro país aún permanece ligado a las materias primas y que nuestra economía debe recorrer un largo camino para volverse más compleja y diversificarse. Es indispensable agregarles cada vez mayor valor, inteligencia e innovación a todos nuestros productos. No vale lo mismo el lino que el aceite que se hace con él, ni el óleo que se fabricó́ a partir de ese aceite, ni el cuadro que pintó con óleo un gran artista y se subasta en las principales galerías del mundo.

El crecimiento económico sin inversión en desarrollo humano no es sostenible y no podrá conducir a un futuro con verdadera equidad social. Nuestro propósito debe ser reconciliarnos como sociedad con el objetivo de construir un país próspero para todos a través del trabajo, la educación y el fortalecimiento de las instituciones de la República.

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