La falta de ingresos obliga a resignar descanso, amplía la brecha social y empuja a muchos a priorizar salario o beneficios antes que tomarse vacaciones.
Casi la mitad de los trabajadores en la Argentina no logró tomarse vacaciones durante el último año por falta de dinero, según un estudio de la plataforma y consultora de empleo internacional Bumeran. El relevamiento concluyó que el 46% de los asalariados no pudo acceder al descanso anual, en un contexto marcado por ingresos que no se recomponen y presupuestos familiares cada vez más ajustados.
Entre quienes no se tomaron vacaciones, el 56% señaló la falta de recursos económicos como el principal motivo. En segundo lugar apareció el cambio laboral, mencionado por el 21%, mientras que el 12% afirmó haber priorizado objetivos personales o profesionales. Otras causas, como problemas de salud, falta de tiempo, dificultades organizativas o la decisión de permanecer en el hogar, explicaron el 11% restante.
El informe advierte que el descanso anual dejó de ser un derecho garantizado en la práctica y pasó a convertirse en una decisión condicionada por la situación económica. En ese sentido, el acceso a las vacaciones aparece como un “umbral social” que separa a quienes logran sostener cierta estabilidad de aquellos que quedan expuestos a mayores niveles de vulnerabilidad. Incluso, el 29% de los trabajadores consultados afirmó que preferiría una reducción de la jornada laboral antes que tomarse vacaciones.
Ante la imposibilidad de descansar, muchos trabajadores priorizan otros beneficios. El 22% de los encuestados elegiría alternativas a las vacaciones, con el salario como principal demanda: el 44% optaría por una mejora en los ingresos. Le siguen el trabajo remoto (21%), incentivos económicos adicionales (15%), esquemas sin horarios fijos (10%) y días libres esporádicos (6%).
Por otro lado, entre quienes sí pudieron vacacionar durante el último año, los destinos elegidos reflejan una marcada diferencia de posibilidades. El 24% viajó a la Costa Atlántica bonaerense, mientras que el 22% optó por otros destinos, con el Caribe como principal elección. Brasil concentró el 16% de los viajes y la Patagonia el 13%. La tendencia muestra que, para quienes cuentan con mayor capacidad económica, los viajes al exterior ganan terreno, favorecidos por un contexto de dólar relativamente barato.
Este escenario configura una dinámica de “dos velocidades”: mientras una porción significativa de la población no puede afrontar el costo de las vacaciones, otro segmento accede a destinos internacionales. En paralelo, la percepción sobre la situación económica general se deteriora: el 55,3% de los consultados la evalúa de manera negativa, una cifra que supera la valoración de la situación personal y refuerza la sensación de un contexto macroeconómico adverso.
En línea con estos datos, un estudio de Zentrix Consultora realizado en diciembre pasado indicó que el 39,3% de la población declaró no contar con recursos económicos para viajar durante el verano. La combinación de ambos relevamientos expone una brecha creciente en el acceso al descanso y consolida a las vacaciones como un indicador cada vez más claro de desigualdad económica.