No le tocó a Pitana, como hubiese sido lógico, más allá de la resistencia de Boca al respecto. La chance de la Confederación Sudamericana recayó en el árbitro más joven del plantel internacional argentino, 30 años cumplidos en febrero y sindicado como uno de los mejores proyectos surgidos dentro de esta última etapa de transición y recambio en el arbitraje argentino, en atención a los requerimientos FIFA.
Como a Trucco hacia fines del año pasado, le es entregado en mano un hierro candente: hay demasiado en juego entre Boca y River y quien salga lastimado de esta serie marcará su derrotero de aquí a fin de año. Y como suele suceder, el árbitro es y será depositario de expectativas gestadas o frustradas, según fuere.
¿Tendrá el suficiente "diámetro" la espalda de Herrera para bancar la presión? Mejor dicho. ¿Tiene la suficiente capacidad para estar a la altura de la responsabilidad encomendada? El contexto en el que se moverá lo forman sus antecesores inmediatos, Patricio Loustau y Germán Delfino. Las dos primeras aristas de la trilogía superclásica.
Loustau abrió el fuego en la "edición local" en el mismo escenario al que accederá Herrera. Loustau aprobó. Largamente. Con autoridad, inclusive sobreponiéndose a un inconveniente de salud que hizo peligrar su labor. Haciendo valer también su mayor experiencia. Pero días después, Delfino no corrió la misma suerte. Su camino fue otro. Y no fue otro que el de la polémica, que Delfino suele transitar cuando su capacidad tiende a decaer y a incursionar en terrenos sinuosos, plagados de errores conceptuales y de dualidad de criterios.
Sobre todo, a la hora de sancionar disciplinariamente. Lo de Delfino en el duelo de ida de la semana pasada quedó atravesado por la impunidad que les permitió a varios jugadores. Y si bien acertó en el fallo máximo que decidió el resultado, el penal para River, fue muy superior el costado negativo.
Herrera puede elegir entre la rienda corta que empleó Loustau a riesgo de no ser completamente ecuánime, o el falso pragmatismo y grado de permisividad empleado por Delfino. Si es inteligente, tomará conciencia a tiempo de que está prematuramente frente a la primera gran chance arbitral de su carrera.
Y eso debe potenciar sus cualidades, que son varias: es un árbitro atento, ágil, que toma decisiones rápidas y no da imagen de timoratez. Carece aún de "cartel" y también es lógico en relación a su todavía corto recorrido, a despecho de su "internacionalidad". Pero deberá saber soportar la presión y las tensiones de un duelo de altísimo riesgo arbitral como lo es un Superclásico definitorio, con jugadores que no darán ventajas y que querrán constantemente llevar agua para el molino propio. Seremos testigos de cómo le irá...