-Muy feliz. No debe faltar mucho para que sea el técnico más grande (en edad) y tengo la suerte que el grupo tenía muy definida sus ganas. Uno entrena y pide cosas; Trata de encaminar un rumbo, pero si ellos no pensaban igual...
-Llegó, seguramente entre otras cosas, porque había logrado el ascenso con Villa San Carlos y sabía que si repetía el logro, este torneo brindaba muchas posibilidades para subir a Primera ¿Lo imaginó posible?
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Uno no podía imaginar el 15 de febrero, cuando empecé acá, con las dificultades que se habían tenido para mantener la categoría, nada semejante. Pero me encontré con un buen club, buen ambiente en general y eso te obliga a hacer las cosas bien. Siempre hubo un dirigente después de cada partido.
-¿Qué claves encuentra para explicar, entonces, lo inimaginable?
-El compromiso y sentido de pertenencia de todo el plantel, hubo un trabajo de convencimiento grupal para que tanto los jugadores surgidos del club como los de afuera se comprometieran con este objetivo.
-¿Y qué momento identifica como fundamental?
-Les dije: muchachos, si nos metemos en puestos de ascensos, vamos a defenderlos. Había un compromiso adquirido, ver de qué forma podíamos llegar. Ganamos 10 partidos y hay jugadores que han debutado conmigo en la Primera B, hace apenas unos meses. No tenemos muchas figuras y pocos jugadores con partidos en la Primera.
-¿En quién piensa tras este nuevo logro?
-Veo fútbol 15 horas por día... no puedo pensar en otros que no sean de mi familia: esto se lo dedico a ellos. Más allá de lo personal, el ascenso es de todos: los dirigentes que entienden cúal es el camino del club, los jugadores que entrenaron bien, entendieron lo que podían alcanzar y dejamos de tener expulsiones que nos perjudicaban y la gente, que es indudable que por el pasado del club se merecen este presente.
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