El primer aviso de Boca llegó recién en el minuto trece desde el pie izquierdo de Daniel Osvaldo. El "23" (¿seguirá en Boca tras el receso?) recibió la pelota en la puerta del área, giró en velocidad y enfiló rumbo al arco, pero chocó con la firmeza de los centrales mendocinos y la jugada se diluyó casi a la altura del punto penal.
Con un libreto en el que las palabras orden, concentración y fricción, aparecían como puntos básicos, Huracán Las Heras se las ingenió para sostener el cero en su arco a lo largo de todo el primer tiempo.
Y dentro de este panorama, y más allá de una abismal diferencia a favor en la tenencia del balón, Boca debió buscar en la pelota parada la manera de llegar con peligro sobre el territorio de Emir Basabe.
Primero fue un tiro libre, levemente volcado sobre la izquierda, a cargo de Nicolás Colazo que el propio Basabe mandó por encima del travesaño con un manotazo. Enseguida y a partir de un centro desde la esquina, Daniel Díaz ganó de arriba y exigió a otra intervención del arquero que en esta ocasión recurrió al puñetazo.
Poco. Muy poco lo que en ese período mostraron los titulares de Boca (en el once inicial solamente faltaron Gino Peruzzi, Pablo Pérez y Nicolás Lodeiro) para marcar la diferencia de jerarquía frente a un rival que se cargó de infracciones, algo lógico y natural por la falta de experiencia, y que ni visitó el área xeneize.
Nervios, imprecisión, miedo al papelón. Todos estos ingredientes se mezclaron en las cabezas de los futbolistas de Boca a lo largo del segundo tiempo y, entonces, el único camino hacia el arco mendocino, pareció ser el pelotazo.
Hasta que llegó el minuto treinta y nueve, la apresurada salida de Basabe, el centro de Jonathan Calleri y el cabezazo goleador de Osvaldo. Y al toque, como algo natural, se dio el segundo gol tras una definición de Andrés Chávez
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