Fiesta. En River hubo fiesta. La gente está feliz con la histórica clasificación en Belo Horizonte. Pero además volvió Pablo Aimar. El cordobés, oriundo de Río Cuarto, regresó a su casa después de 15 años. Fue un exilio largo. Todo se consumió en los 20 minutos que tuvo en cancha, en la victoria de River por 2-0 ante Rosario Central, con buenas apariciones, e interesantes asociaciones. Rápido, ágil, inteligente: parece que al ex Valencia no se le vino el tiempo encima.
Apenas culminó el partido, Aimar contó sus sensaciones: "Ahogo, nervio, mucho nervio. Son todas lindas sensaciones. Por eso es tan difícil dejar de jugar: porque extrañás todo eso. Que yo lo sentí en este ratito".
Una de las razones que lo movió para volver a ponerse la camiseta de River fue la ilusión de que sus hijos lo vieran jugar en el Monumental, con el club que lo vio nacer. Hoy les cumplió el deseo: "Yo quería que me vieran jugar acá. Les debe haber parecido rarísimo porque en las canchas que ellos fueron, el fútbol no se vive así. Que me ovacionen es increíble", dijo.
Finalmente, sobre cuánto le queda de carrera como profesional, señaló que "es consciente de la vida que llevó, que un día se termina".
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