Cuando todavía no desembarcaron los tres veedores que la jueza federal María Servini de Cubría nombró para auditar en AFA toda la documentación relativa al destino del dinero del Fútbol Para Todos, un grupo de dirigentes planteó la necesidad de apelar el fallo. Si bien la propuesta dividió aguas, el asunto quedará en manos del abogado Mario Schmoisman, quien considerará las opiniones de aquellos directivos que se desempeñan como abogados.
El fundamento central de quienes quieren apelar radica en el principio jurídico que indica que la pasividad ante un fallo judicial trae consigo la aceptación de la imputación, además de coartar pasos jurídicos posteriores. "El que calla, otorga", en criollo.
Claro que esa es una lectura de corte técnico. Entre los que prefieren no apelar, prima algo del orden de las formas: demostrar que no hay nada que ocultar y asumir la llegada de los veedores sin reparos. Entienden, además, que la AFA es "víctima" de una discusión política entre la oposición y el Gobierno.
De todos modos, la postura de AFA se terminará resolviendo por cuestiones técnicas del derecho. No serán los dirigentes quienes impongan una postura y hasta el propio Segura está afuera: si fuese por él, no apelaría. El plazo para apelar vence mañana, los veedores todavía no aparecieron y a partir del jueves, si no hay escrito contrario presentado por Schmoisman, tendrán que disponer de una oficina en alguno de los siete pisos del edificio para albergar a las visitas inesperadas.
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