Tras el pitazo final del árbitro uruguayo Darío Ubriaco, el delirio "millonario" se hizo canción al grito de "Dale, campeón", con 62.000 almas que llenaron el estadio Monumental y otras tantas que, dispersadas por la Ciudad de Buenos Aires, confluyeron en el mítico Obelisco desafiando al diluvio que se inició tras la medianoche.
Pero no sólo se centraron los festejos en la Capital Federal: en distintos puntos del Interior del país, una masa enorme de simpatizantes de River salieron a copas las calles y los principales puntos con camisetas y banderas.
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