domingo 4.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
20 | 12 | 2015
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Análisis | Con dos cambios en el entretiempo, Gallardo apostó y salió mal

Mariano López Blasco
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Por Mariano López Blasco


Tras la finalización de la primera parte, con el Barcelona en ventaja 1 a 0 por una jugada casi aislada, el Muñeco incluyó a Lucho González y Pity Martínez por el amonestado Ponzio y Mora. El segundo tanto rival llegó enseguida y derrumbó los planes.

Análisis | Con dos cambios en el entretiempo, Gallardo apostó y salió mal
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Sorprendió Marcelo Gallardo en el entretiempo, con dos cambios simultáneos y fuera de libreto. Si bien Barcelona se había puesto en ventaja con el discutido gol de Lionel Messi, el desarrollo mostró una marcada paridad hasta entonces. La inclusión de Luis González y Gonzalo Martínez en lugar de Leonardo Ponzio y Rodrigo Mora pretendió dar un golpe de efecto, pero no resultó.

Ponzio ya tenía amarilla y, con el resultado en contra, River había adquirido la necesidad de tener un poco más la pelota. Por eso el ingreso de Lucho González. Con Martínez, en cambio, el "Muñeco" buscó ensanchar el equipo y generar opciones por afuera. Nada funcionó y el escenario siguiente expuso al técnico en su decisión: parecieron apresurados dos cambios en la mitad de la cancha, cuando por momentos sus dirigidos se las habían ingeniado para cerrarle los espacios al Barcelona en sus intentos de verticalizar la posesión.

El segundo tanto rival, obra de Luis Suárez y cuando apenas habían pasado tres minutos, destruyó las aspiraciones de un River que todavía no se había acomodado a su nuevo formato. Comenzaron a tener influencia jugadores que no habían pesado en la primera parte: Sergio Busquets pudo conducir y sacar pelotas limpias, Neymar empezó a desequilibrar con la gambeta y Messi tuvo más libertades para aparecer en posiciones de gol.

Barcelona demostró que es todavía más que la posesión total, las decisiones exactas y los galácticos que marcan diferencias contra sus marcadores. Además maniató a River y no lo dejó jugar nunca. Matías Kranevitter se movió siempre incómodo, Carlos Sánchez no pudo correr jamás con la cancha de frente y Alario se mantuvo casi siempre de espaldas y lejos del arco de Claudio Bravo. 

Lo que siguió fue un monólogo. Más allá de un cabezazo de Alario que exigió al arquero chileno, y un disparo de Martínez que se estrelló contra el poste izquierdo -ambas jugadas cuando el 3 a 0 ya firmaba el resultado- fue una exhibición lujosa de los catalanes. Llegó el tercer gol, pudieron ser varios más y River se fue de un partido en el que nunca se terminó de asentar.

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