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Opinión
25 | 06 | 2016
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¿Cómo afecta nuestra personalidad al corazón?

Facundo Manes
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Por Facundo Manes


¿Cómo afecta nuestra personalidad al corazón?
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A lo largo de los años, la ciencia se ha interesado por descubrir la relación cerebro-corazón. Una de las preguntas que se ha planteado se vincula con cómo la personalidad y la conducta impactan en la salud del corazón. Existe evidencia de que emociones tales como la ira y la hostilidad están asociadas a un peor pronóstico en pacientes con enfermedad coronaria preexistente, especialmente en hombres. Las personas irascibles tienen un 19% más de riesgo de desarrollar enfermedad coronaria y, si ya la tienen, un 24% más de posibilidades de mal pronóstico.

Más aún, en sujetos fácilmente irritables con enfermedad coronaria, una crisis de ira duplica el riesgo de tener un evento coronario agudo entre las dos y tres horas posteriores. Otros tipos de conductas que se relacionan con compromisos cardíacos son la ansiedad y la depresión.

La ansiedad se asocia con un 48% más de riesgo de muerte cardíaca en personas inicialmente sanas. Asimismo, se ha demostrado que la depresión produce un efecto de dosis dependencia: cuanto más deprimida está una persona en el momento de tener un infarto o angina de pecho, más chance tiene de repetir el episodio.

En un sentido previsible, la combinación de estos rasgos negativos puede poner a las personas en situación de riesgo grave. Patrones similares se han reportado con tres factores de riesgo tradicionales de enfermedad del corazón –presión arterial alta, niveles elevados de colesterol y exceso de peso- en el que cada factor de riesgo aumenta de forma independiente el riesgo de enfermedad coronaria.

En términos de sus consecuencias indeseables sobre la salud cardiovascular, desde hace varias décadas se habla de la personalidad tipo A, caracterizada por impaciencia, irritabilidad, prisa constante, estilo dominante y autoritario, actitud hostil, gran devoción al trabajo e hiperactividad. Siempre se pensó que esta personalidad era la menos positiva para la enfermedad cardíaca; sin embargo, se observó que estas personas, una vez declarada la enfermedad, son más activas para adherir a las recomendaciones médicas que las van a proteger. Estudios recientes describen la personalidad tipo D. Se considera que las personas con esta personalidad son ansiosas, irritables y suelen hacer foco en los problemas más que en la solución de los problemas. A su vez, reprimen sus sentimientos y tienen una conducta social evitativa.

Múltiples estudios demuestran que son más vulnerables a las enfermedades cardiovasculares en general, incluso hipertensión arterial, enfermedad coronaria y accidente cerebro-vascular (ACV). Este modelo subraya el rol que el estrés desempeña en las enfermedades vasculares.

Todos estamos sometidos a tensiones; lo que nos diferencia es la forma de afrontarlas. La clave está en poder hacerlo con calma para poder enfrentar con vitalidad nuevos desafíos.

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