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16 | 10 | 2016
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Un llamado cada 18 segundos al 911 de mujeres golpeadas

Maximiliano Montenegro
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Por Maximiliano Montenegro


En el área metropolitana, por día, se reciben 4.800 pedidos de ayuda de mujeres que son víctimas de violencia de género. Desde el Instituto Wanda Taddei destacan la visibilización que se le está dando al tema.

Un llamado cada 18 segundos al 911 de mujeres golpeadas
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Los femicidios que no se detienen, como máxima expresión de la violencia machista, son parte de un problema que el próximo miércoles tendrá una manifestación de rechazo masivo en todo el país. Las cifras sobre llamadas telefónicas desesperadas cada 18 segundos al servicio de emergencia 911 de la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano revelan un panorama alarmante, con mujeres que logran quebrar el miedo y pedir ayuda.

Fuentes policiales de ambos distritos, donde habitan unas 15 millones de personas, indicaron a DIARIO POPULAR que cada jornada se reciben alrededor de 4.800 llamados telefónicos al 911 por parte mayormente de mujeres que piden auxilio ante episodios de violencia de género.

Seguimiento de llamadas

Desde el Instituto Wanda Taddei, el abogado Julio Torrada manifestó que "se viene realizando un seguimiento de las llamadas a los servicios de emergencias en relación a la problemática de la violencia de género, y tenemos un incremento notable, que obedece a la visibilizacion que se le está dando al tema, las marchas en todo el país, las charlas y capacitaciones que se llevan a cabo, y fundamentalmente porque estamos logrando quebrar el tabú del miedo a contar, hablar, interpelar y denunciar".

"Por ejemplo, desde el Instituto Wanda Taddei venimos llevando a cabo a lo largo del año una campaña orientada a los derechos de la mujer en espacios rurales. Creemos que se tiene que visibilizar en todos los espacios, y celebramos cada oportunidad de brindar contenidos, porque luego en esos lugares las víctimas logran pedir ayuda", dijo Torrada.

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"Paro de mujeres"

Como se sabe, el próximo miércoles se realizará un denominado "Paro de mujeres", que incluirá cese de actividades en los lugares de trabajo, pero también distintas marchas en puntos del país. En la Ciudad de Buenos Aires, se llevará a cabo una concentración en el Obelisco.

"Se está logrando que el tema esté en la agenda pública, que ya no gane el silencio. Las mujeres victimizadas llaman a los servicios de emergencias, pero lamentablemente no necesariamente implica que el Estado esté dando respuestas a estos pedidos, necesidades y urgencias. Porque la realidad es que muchas veces llaman y no tienen respuestas. Así que vemos con luces y sombras estos avances como sociedad", dijo Torrada.

En torno a los llamados que se realizan al servicio de emergencias 911 en la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano, las fuentes consultadas manifestaron que dentro del universo de personas que se comunican, la mayoría son las propias víctimas, pero también llaman familiares, compañeros de trabajo o vecinos, que de ese modo alertan a las autoridades sobre las distintas situaciones relacionadas a las violencias que padecen niñas y mujeres.

"Que se llame a las líneas de emergencia habla a las claras de que las organizaciones que militamos este tema estamos generando un cambio. Esta sociedad tiene que dejar las prácticas machistas, que son posesivas, violentas y asesinas en su peor rostro. Es responsabilidad de todas y todos", señaló el especialista.

Torrada, finalmente, señaló que "todo el equipo del Instituto Wanda Taddei adhiere a la convocatoria para el próximo miércoles, y seguimos reclamando políticas efectivas desde las instituciones del estado, más allá que de actualmente hay buen diálogo con las autoridades, pero es menester recalcar que se requieren mayores recursos, abogados para las víctimas y refugios".

"Exigir que se cumpla la ley"

"La Ley Nacional 26.485, sancionada en 2009, entiende por violencia contra las mujeres toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Además, la ley considera violencia indirecta a toda conducta, acción u omisión, disposición, criterio o práctica discriminatoria que ponga a la mujer en desventaja con respecto al varón. Es decir, la responsabilidad de prevenir y evitar hechos de violencia es todas y todos quienes formamos parte de la sociedad. Tenemos una buena herramienta legal, y hay que exigir que se cumpla", señaló Julio Torrada, titular del Instituto Wanda Taddei.

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El grito que se viene

Lucía Pérez murió de dolor. Tenía 16 años. La violaron con tanto sadismo que los dolores le causaron la muerte. Fue en Mar del Plata, hace pocos días, y otra vez un hecho de violencia machista genera repudio masivo. No es la primera vez que una mujer es asesinada y la sociedad se horroriza. Y resulta muy probable que no sea la última. Los varones argentinos estamos matando a una mujer cada 30 horas desde 2008 hasta el presente. Niñas, adolescentes, adultas o adultas mayores. Usamos balas, cuchillos, palos, piñas, patadas y otros métodos, que siempre provocan pavor.

Ese pavor es, justamente, el objetivo del machismo. Porque, aunque se disfrace de invisible, hay una mirada del mundo que tenemos los varones argentinos donde las mujeres son de nuestra propiedad. Objetos, cosas, mercancías. Algo, que se puede usar y tirar. Romper, golpear, matar. Meter en bolsas de basura. Arrojar a los ríos. Cortar en pedazos. Violar hasta que muera de dolor.

El machismo propone el pavor. El miedo. El pánico. Avisa a las mujeres, en todas sus edades, todo lo que no pueden hacer, y todo lo que les puede pasar si pretenden resquebrajar ese mandato. También avisa a los propios varones, desde temprana edad, que deben ser así, sentirse así, vivir así, creyendo ser dueños, propietarios, amos de los cuerpos de ellas, de sus vidas y hasta de sus muertes.

Saldrán a las calles, otra vez, miles, millones de mujeres, gritando basta. Pidiendo que no les peguen, las violen y las maten.

No se trata de los números. No son estadísticas. Son vidas que los varones arrebatamos. Varones posesivos. Varones celosos. Varones con miedo a perder privilegios. Varones convencidos que somos mejores. Varones violentos. Varones asesinos. Varones machistas formateados para perpetrar el dolor, el miedo y el pavor.

Y ellas, las que aún siguen vivas, en muchos casos de pura casualidad, saldrán a decirnos, el miércoles, y las veces que haga falta, que podemos ser distintos. Que podemos amar sin poseer. Que podemos respetar sin violentar. Que podemos ser varones de verdad.

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