Las metáforas son grotescas, pero bien gráficas. Se suele decir que el banco en donde se sientan los directores técnicos suele ser la "silla eléctrica" o que muy seguido se les aplica la "guadaña" y eso, este año se vivió con singular crudeza. Si se toman en cuenta los 72 equipos de las tres primeras categorías, solamente el 19% de los clubes han decidido mantener a sus entrenadores. Y hay que considerar que aún restan dos fines de semana, en donde algunas cabezas más pueden llegar a rodar. Es común que, cuando asuma un entrenador, el directivo de turno afirme que se trata de "la persona que nos va a conducir al éxito" para luego, algunas veces con pocos meses de diferencia, se asegure que "el ciclo estaba inexorablemente concluído".
Muchas veces asustados por el acoso del promedio de descenso, las autoridades cesan el contrato del entrenador que había contratado y llaman a algún "piloto de tormentas", que asume sin posibilidades de armar un pretemporada, de apuro y soportando la exigencia de resultados inmediatos. Y en otros, como pasó con Cristian Díaz, no poder soportar (no tiene porqué hacerlo, claro está), la presión de una barra brava hostil e intimidante.
Por lo general, se está lejos de lograr los resultados esperados. Y en algunas otras ocasiones, se apela a gente del club, como el caso de Huracán que tras el corto proceso encabezado por Ricardo Caruso Lombardi, volvió a apelar a Néstor Apuzzo, para un interinato de dos partidos y en el caso de Temperley, que promovió a su primer equipo al profesor Gustavo Alvarez que, luego de la gestión de Carlos Mayor, asumió luego como entrenador definitivo.
Los que apuestan a futuro
Del otro lado de la vereda, están los técnicos que cuentan en sus clubes con directivos que confían en proyectos a largo plazo, como el caso de Brown de Adrogué, que conserva en el cargo a Pablo Vico desde hace seis años y medio, que logró llevar a Brown de Adrogué a la B Nacional y que viene haciendo buenas campañas. O el de All Boys, que apelar a la condición de ídolo de José "Pepe" Romero a quien no le aceptaron la renuncia y el equipo mejoró ostensiblemente su campaña o el de un Nelson Vivas, que tiene primero a Estudiantes de La Plata. Pero son solamente pocos ejemplos de una profesión inestable.
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