La decisión de suspender el partido corrió por cuenta, originalmente, el del árbitro, Jorge Baliño, pero rápidamente contó con el apoyo de los técnicos, los dirigentes y de los propios jugadores, que no quisieron saber nada con el doble riesgo que significaba jugar con una tormenta eléctrica y con la cancha poco menos que inundada.
Y el respaldo también vino para Baliño de afuera de la cancha, porque hasta Juan Manuel Lugones, funcionario de la seguridad provincial, explicó: "El partido está suspendido. Es lamentable por la gente, pero no se puede jugar. No tiene sentido jugarlo, ni reanudarlo".
Lo mismo pensaron Gustavo Alfaro y el presidente de Racing. Víctor Blanco analizó que "tenemos que cuidar a los jugadores, no es lindo suspender el partido, pero no había otra alternativa", mientras que el entrenador explicó que "ya se había desnaturalizado el juego, con los charcos y la lluvia. No se podía seguir así. Esa es la realidad".
En lo que respecta al partido, Racing exhibió su intención de probarse el traje de protagonista, pero el Lobo contestó con contraataques hirientes, por lo que el empate representó en buena medida lo que fueron esos 41 minutos disputados.
El que pegó primero fue Gimnasia. Porque tras un centro largo y anunciado de Licht, Orion salió mal y fue cómplice de los atacantes del Lobo: Guanini la bajó de cabeza y el juvenil Leandro Contín la empujó con el arco vacío.
Racing buscó por adentro, por afuera (hubo buenas proyecciones de Pillud) y recién pudo equilibrar el resultado en una acción de pelota parada, con un tiro de esquina enviado por Luciano Aued desde la derecha y el cabezazo de anticipo de Sergio Vittor, para desnudar otra salida en falso de un arquero, ahora con Alexis Martín Arias como protagonista. Hasta que la lluvia fue poniéndose en el centro de la escena, y Baliño paró la pelota y dijo: "no va más".
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