Resignación y resiliencia -capacidad para superar situaciones traumáticas- es lo que debería desarrollar la sociedad boxística de nuestro país para aprender a paliar estos momentos de escasez

La ciencia coincide en que –si bien no hay recetas mágicas- el primer paso para superar una crisis es reconocerla.

Lejos quedaron aquellos tiempos en que los periodistas pasábamos las tardes en el café, entretenidos con el ránking argentino, pergeñando peleas que jamás se harían, o sí -algunas pocas-, pero se las proponían, se las pensaban, se las imaginaban.

La fantasía jugaba con Castro-Vásquez, Chacón-Barrios, Maurín-Chacón, Crücce-Silva (se hizo), Crücce-Maravilla, Balbi-Sicurella (se hizo), Castro-Domínguez, Castro-Moli, Maurín-Carlos Ríos, Aldo Ríos-Balbi, Ismael Chaves-Crücce, Martinet-Chacón (se hizo), Maurín-Martinet, etc.

Qué épocas…

Tiempos lejanos, donde la FAB tenía un programador que disponía de todo el plantel de púgiles a lo largo y ancho del territorio sin pedir permiso, con el único obstáculo de ofrecer una bolsa que fuera aceptada por el boxeador o su mánager.

Luego, la aparición de promotores que se adueñaron de las veladas televisadas, arruinó el negocio poniéndole un techo al suyo, cuyas consecuencias se vieron en el largo plazo.

Por eso el boxeo argentino desde hace un tiempo sobrevive presa del raquitismo, no sólo de valores, sino de maestros, de dirigentes, y de una economía débil, que no alcanza para robustecerlo, o permitir su desarrollo y expansión. Y de pretenderse, en este contexto esa ambición sólo lograría desnudarlo y exponerlo.

No tenemos figuras, hay que aceptarlo.

Las pocas que existen no pelean aquí, o no se enfrentan entre ellas si están en una misma categoría, ya sea por pertenecer a un mismo promotor, o a promotores rivales.

Sin embargo, boxeadores hay -del nivel que nos toca-. Y quizás sobran para las pocas veladas que se efectúan semanalmente en el país.

El problema es que los escondemos, porque carecen de nivel.

Nos avergüenzan.

COMPLEJO DE INFERIORIDAD

Nuestro complejo de inferioridad hace que nadie nos represente después de los últimos talentos disfrutados como Narvaes, Maidana, Maravilla, Matthysse, Reveco, Barrios, Chacón, etc.

Pero eso es pasado. Hay que resignarse.

Mientras esperamos que nazcan, crezcan, o aparezcan, urge resolver el tema con lo que hay a mano, apelando a cierta imaginación, como cuando nos sacan los subsidios sin aumentarnos los sueldos.

Una medida la está implementando el promotor Sampson Lewkowicz con una idea que quizás no fue suya, pero la implementó acá. Y por lo poco que se ve, está dando resultados: torneos por categorías.

Hoy está finalizando el de los gallos, y está en acción el de los medianos, lamentablemente, ambos poco promocionados, o no debidamente, como ameritaría. Es que hay tanta truchada suelta que cuesta ganar credibilidad en los nuevos emprendimientos.

Se trata de agarrar a los 8 mejores rankeados disponibles del escalafón nacional y cruzarlos en forma eliminatoria hasta llegar a la final, sin demasiado tiempo entre pelea y pelea. El ganador bien podría considerarse campeón argentino, o bien puede desafiar a éste, si es que no intervino en el torneo, cosa que no debiera estar prohibida.

Con los que van perdiendo –salvo que lo hagan por KO- pueden hacerse las peleas de relleno para establecer un orden jerárquico en los listados, e incluso pergeñar un sistema de doble KO, con una hipotética ronda de perdedores, para dejar al ganador de la misma como Nº 1 y retador obligado.

Y todas las categorías lo mismo. Con lo que hay.

Así debiera confeccionarse el ránking argentino. Y el que no quiera intervenir -por el motivo que fuere-, debiera salir de él, porque es absurdo que ocupe un lugar que no está dispuesto a defender, ni a participar del juego.

De ese modo ir llenando los casilleros por mérito propio, manteniendo un ránking dinámico con los buenos y los no tanto, procurando que no queden lugares vacantes como hay ahora.

No tiene caso que –por ejemplo- los tres primeros puestos de una categoría estén vacantes. ¿A quién se espera para que los ocupen, a un Mayweather, a un Tyson, a un de la Hoya? No los tenemos.

El ránking se llena con lo que hay, no importa que los records sean discretos, se manchen con derrotas, o empeoren. No queramos mostrar una impecabilidad que no existe.

Si el que figura 4º es el mejor en su peso porque los demás son peores que él, que pase a Nº 1, aunque tenga pocas peleas o más perdidas que ganadas. Ésa es la realidad, por más que no parezcan dignos de su posición. Hoy lo son. Hoy son nuestros referentes, al menos por un tiempo, hasta su próxima derrota, si la hay.

Para eso nuestros dirigentes, en vez de operar para los organismos internacionales y sus títulos regionales, podrían establecer políticas para que éstos le den en sus escalafones el lugar que el campeón argentino se merece. O que sean nuestros rankeados quienes únicamente tengan derecho a disputar coronas regionales.

El título argentino tiene que empezar a tener más peso dentro de los organismos mundiales, porque es el más serio -por más bajo nivel que posean sus integrantes- y debiera ser el referente incuestionable del pugilismo local. De paso levantaría el modesto nivel de tales coronas, carentes de seriedad, que degradan la imagen de las entidades por el poco rigor de sus reglas.

Obvio, también habría que seducir a los púgiles con mejores bolsas. Así se empezaría por reactivar la actividad interna, sincerándola, como la economía. Aunque en este caso, sin inflación ni recesión. La devaluación ya nos pasó hace rato.

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