La costumbre marca que para estas fechas, en las tradicionales fiestas de Navidad y Año Nuevo, se consumen comidas con demasiadas calorías, más típicas de países con climas fríos. Sin embargo, existen varias opciones de llevar a cabo una alimentación consciente, natural y no por eso menos sabrosa. Garrapiñadas de semillas de girasol, las crackers de semillas y el chocolate amargo transformado en una mousse pueden ser opciones tentadoras

Nos cansamos de escuchar que lo que comemos en Navidad y Año Nuevo tiene que ver con las tradiciones gastronómicas de países con climas fríos y que sumamos demasiadas calorías con recetas que contienen cremas, carnes al horno rellenas, amén del pan dulce y de los turrones.

Pero si bien hay una tendencia cada vez mayor a elegir mesas frías, aunque haya comidas que no admiten concesiones, sí se pueden incorporar ideas para una alimentación consciente, natural y no por eso menos sabrosa.

Unas garrapiñadas de semillas de girasol podrían sorprender a más de un invitado y sumarse a la mesa dulce del momento del brindis. “Las semillas de girasol son una gran fuente de vitamina E, un potente antioxidante al que se le atribuyen propiedades cardioprotectoras. Son ricas en grasas insaturadas, que ayudan a reducir el nivel de colesterol en sangre y aportan buenas dosis de fibra, recomendadas a la hora de mantener limpio y funcionando nuestro sistema digestivo. Como todos los frutos secos son ricas en potasio, ácido fólico y fósforo, pero además se destacan por ser una buena fuente de hierro y magnesio. Son deliciosas como snack para cualquier momento del día, cuidando la porción. Ya sean saladas o dulces, acompañando ensaladas, postres o solas, para hacer patés o leches vegetales”, explica Mariana Bisso, cocinera y columnista de Sabe La Tierra, mercado de economía sustentable que acaba de cumplir siete años de vida, que comenzó como un espacio de fin de semana en el andén de la estación San Fernando del Tren de la Costa y que hoy cuenta con cuatro sedes más, en Tigre, Vicente López, Pilar y Balvanera. “Mi idea es compartir los secretos de una cocina saludable y estacional, no guardarme los secretos, creo que las cosas hay que compartirlas, quiero que la gente se anime a cocinar, a que vuelva a la cocina casera, a compartir en familia, algo que hoy está tan lejano porque la tecnología invade todos los ámbitos, incluso la cocina. Es común ir a comer y ver parejas con sus celulares o a los chicos con sus tablets. La tecnología nos ayuda en muchos aspectos pero hay que usarla bien”, dice Mariana.

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Las crackers de semillas pueden ser un comodín para cualquier ocasión y son ideales para comenzar una comida festiva y combinarla con mayonesas vegetales o dressings que suman mucho en las reuniones especiales. “Todas estas recetas pegan con la mesa navideña, pero son recetas que se pueden hacer en cualquier momento -dice la cocinera-. Para hacer las crackers, las semillas se activan un poco antes al mezclarlas con el agua para que se puedan digerir mejor. Las semillas de chía y de lino, cuando se mojan, producen un tipo de gelatina o de clara de huevo”.

La frutilla del postre es, en este caso, el chocolate amargo transformado en una mousse super tentadora que no tiene ni huevos, ni leche ni azúcar. En consecuencia, el sabor del chocolate resultará mucho más genuino, y el postre, que suele ser bastante pesado por la cantidad de materia grasa, resultará liviano y hasta refrescante si se sirve bien frío. “En este caso, mi consejo es que usen un chocolate amargo, sin leche. En lo posible, que tenga una proporción de cacao mayor o igual al 60%”.

Comer mejor es posible, aunque se trate de una mesa festiva y repleta de manjares. Hoy, la cocina vegetariana proporciona alternativas muy creativas y naturales que son tomadas, incluso, por la cocina tradicional. “Si uno quiere comer bien por un tema de salud, recomiendo visitar primero al médico para que nos diga qué es lo que uno puede y no puede comer. Si se trata de comer mejor, siempre digo que hay que animarse a cocinar, no tener miedo a hacer mezclas y no seguir una receta a rajatabla. La cocina tiene que ser divertida, un momento de expresión y de diversión, para pasarla bien y relajarse especialmente en épocas complicadas. Se puede empezar acercándonos a mercados de productores donde uno aprende directamente de la persona que hace el alimento, podés charlar con el que cocinó y el que cultivó lo que vos te estás llevando a la mesa. Como antes, que pasaba el lechero y vos le preguntabas. Hay que volver un poco atrás en ese sentido y amigarse con los productos que no tienen etiquetas. También, a leer las etiquetas, porque si yo digo que con cuatro ingredientes podés hacer unas galletitas increíbles y vas al super y esas galletitas tienen como 40 ingredientes, algo está mal. Aparte de que salen tres veces más caras que si las hacés en tu casa”.

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Cuando se le pregunta a Mariana como llegó a convertir la cocina en una profesión, responde: “Cuando nace mi segundo hijo, que ahora va a cumplir 5 años, decidí volver a trabajar y de repente me dicen que me iban a pagar lo mismo que yo tenía que pagarle a una niñera para que los cuidara. Eso no era negocio de ninguna manera e implicaba no estar con mis hijos. Empecé a estudiar fotografía, apareció Instagram y empecé a mostrar las recetas que hacía. Ahí fue cuando me contactó Angie, a quien conocía del mercado, para ser columnista de la página de Sabe La Tierra”.

Por último, al referirse a los beneficios de la cocina natural, sostiene: “Son muchos, creo que si uno se alimenta de forma consciente y natural, el cuerpo lo agradece y se nota. Y no hablo sólo del aspecto físico, sino de cómo uno se siente”

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