La nueva caída en el show de los penales fue la remake de una película que ya habíamos visto el año pasado ante el mismo rival en el Estadio Nacional de Santiago. Solo que esta vez, Messi, pateó su penal como un pibe demasiado presionado y coronó otra noche que muy difícilmente pueda olvidar.
Es cierto, la Selección no se agota en Messi. La Selección, como equipo, debería trascender a Messi. Pero es evidente que no lo logra. Ni antes ni ahora. Y cuando Messi no resuelve de acuerdo a su potencial, como suele hacerlo en las finales desatando alaridos de indignación, las posibilidades de armar algo interesante se reducen a algunas maniobras poco afortunadas que, en general, no prosperan.
Gerardo Martino, casi siempre metiendo la pata a la hora de las declaraciones públicas, en 2 años de gestión como entrenador de Argentina no pudo darle al equipo un rumbo futbolístico. Todo fue siempre errático en la Selección. Hasta la idea original del Tata terminó totalmente desdibujada. Esa idea de presión, posesión y elaboración, fue en muchas oportunidades una búsqueda sin gran consenso. Y sin grandes adhesiones al momento de plasmarlo en la cancha. Se vio claramente en la final cuando el planteo estratégico se alejó de esas consignas. Y Messi quedó arriba para inventar con pocas compañías, lo que finalmente no logró inventar, más allá de varias insinuaciones que se fueron desvaneciendo.
Le temía Martino a Chile. Y agrandó a Chile. Que en los últimos 4 partidos ante Argentina le convirtió 2 goles, perdió 2 encuentros, empató los 2 restantes, cada uno de ellos de 120 minutos, pero conquistó 2 Copas América en la ruleta de los penales. No fue Chile un rival tan poderoso y desequilibrante como lo pintaba en la previa Martino. Esa interpretación de Martino también la pagó la Selección en el 2015 en Santiago y el domingo en New Jersey . ¿Cómo la pagó? Respetando en exceso a Chile. Y ese respeto excesivo nunca es buen consejero. Porque limita. Condiciona. Ata.
Son momento durísimos para la Selección. Se podrá afirmar con razón que también lo fueron otros episodios más o menos recientes. Pero este capítulo trajo además el bombazo que anunció Messi renunciando y dando por finalizado su ciclo con la camiseta albiceleste. Esta enorme frustración que sintió Messi quizás refleje otras frustraciones y deserciones que podrían manifestarse en breve. ¿Cuáles? Difícil precisarlas. Pero fáciles imaginarlas.
Lo concreto es que el abandono anunciado por Messi pinta de cuerpo entero que las heridas que sufre la Selección son muy profundas. Tan pero tan profundas que en la tempestad, su capitán se va. ¿Qué queda para el resto? ¿Messi se hubiera ido igual en la victoria? Solo Messi lo sabe. Y nadie más. Aunque sus exégetas hoy intenten explicar lo que Messi explicó en muy pocas palabras.