Los números no se pueden contradecir, están ahí, a la vista, para determinar claramente que a Boca le cuesta muchísimo de visita. Sólo tres festejos en algo más de quince meses, con el agregado que en el primer torneo conducido por el Virrey, el Final 2013, no pudo ganar en 10 partidos en los que salió de su estadio, con 4 empates y 6 derrotas.
La primera alegría fue recién en la segunda fecha del Inicial 2013, venciendo a Belgrano, en Córdoba, 2 a 1, tras un arbitraje muy polémico de Carlos Maglio, que perjudicó al Pirata en varios de sus fallos. Luego llegó la victoria en el Superclásico, 1 a 0, en el Monumental, con gol de Gigliotti, por la décima jornada del mismo torneo. Y la tercera se dio en este certamen Final 2014, cuando en la séptima fecha superó a Racing, en Avellaneda, 2 a 1.
El resto de los 24 partidos de Boca como visitante se reparten entre 9 empates y 12 derrotas, con sólo 16 goles a favor y la escalofriante cifra de 40 goles en su propio arco. Impactante por donde se lo mire, no sólo por los escasos puntos cosechados (apenas el 25 por ciento), sino por las veces que fue vulnerada su valla, con un número final al que contribuyeron derrotas catastróficas, como un 6 a 1 en San Juan, frente a San Martín; un 3 a 0 ante San Lorenzo, en el Nuevo Gasómetro; un 4 a 0 con Newell's, en Rosario; y un 3 a 0 frente a Olimpo, en Bahía Blanca.
Si nos remitimos sólo a los partidos jugados en el interior, como ocurrirá ahora ante Colón, y sumamos a La Plata como parte del mismo, Boca disputó 12 partidos, con 1 solo triunfo (el apuntado con Belgrano), 4 empates y 7 derrotas.
Números que marcan por sí solos a un equipo al que le ha costado imponer condiciones, futbolísticas y anímicas, cada vez que le tocó ser visitante. Por eso esta vez, ante Colón, necesitará más que nunca de una victoria para decidir cual es su camino y recuperar su jerarquía de equipo grande en cualquier escenario. i
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