Las calles fueron tierra de nadie. Hubo autos incendiados, móviles de TV destruidos y escenas de violencia. El estadio de River fue “bombardeado” y corre peligro de que no se juegue allí la final de la Copa América.
Serios incidentes tuvieron lugar tras la finalización del encuentro, que decretó el inesperado descenso de River a la Primera B Nacional, situación que no pudo ser frenada a pesar del empleo de más de dos mil agentes policiales, que conformaron el impactante operativo. Tras los desmanes (ver página 15) que se sucedieron en la tribuna Sívori baja y que determinaron el final anticipado del partido, hubo serios incidentes tanto en dependencias del estadio Monumental, como en los alrededores, que dejaron un saldo de más de 50 heridos y 73 detenidos. Por otra parte, el estadio Antonio V. Liberti quedó clausurado y corre peligro que la final de la Copa América se dispute en el Monumental.
Descontentos por el naufragio deportivo de su equipo favorito, los hinchas destrozaron vitrinas, incendiaron la confitería de la sede del club y prendieron fuego a automóviles estacionados cerca del estadio, tras arremeter contra los policías que custodiaban el lugar.
Fueron 25 los policías que sufrieron lesiones durante los incidentes. Un agente fue derivado en helicóptero a un hospital con un traumatismo de tórax y cráneo.
Hubo al menos 50 detenidos, y la policía disparó balas de goma y bombas de gas lacrimógeno.
Pocos minutos después de finalizado el partido y más allá de los hechos que originaron la suspensión, se empezó a vivir el verdadero caos. Cuando los periodistas nos aprestábamos a dirigirnos hacia la zona de vestuarios, a efectuar las notas de rigor, se empezaron a escuchar discusiones, al tiempo que se sintió la rotura de algunos vidrios al tiempo que, amablemente, se instaba a postergar el traslado hacia la zona de vestuarios y se pedía urgentemente la presencia de la policía y de personal de la empresa privada de seguridad. Estas situaciones, se repetían en distintos sectores del estadio de Núñez. En paralelo a ello, se vivieron momentos de tensión en los pasillos del anillo del Monumental, cuando las fuerzas policiales debieron retroceder, ante el avance de grupos de enfurecidos hinchas, trataban de acercarse hacia el lugar en donde podrían estar las autoridades. Así, en distintos momentos, se vio avanzar a diferentes grupos policiales a toda velocidad, los cuales no pudieron, por ejemplo, impedir la destrucción de la confitería.
Poco después, enardecidos hinchas comenzaron a arrojar proyectiles contra la sede del club, ubicada a la vera del estadio. Allí, tuvieron lugar los sucesos más álgidos con gente que, presa del pánico, intentó nuevamente ingresar a las instalaciones del club, buscando algún refugio, algún sitio para sentirse más contenida y segura.
Vidrios estallaron y un camión de exteriores de la televisión fue destrozado, en medio del ulular de sirenas de autos de policía y de ambulancias. Los revoltosos incendiaron varios automóviles estacionados en las calles circundantes. Mientras tanto, los tres mil hinchas del Pirata cordobés que, hasta un rato antes habían festejado el ascenso de su equipo, quedaron allí presa del miedo, esperando la orden policial para poder salir de ese sector de la tribuna Centenario y abordar los micros que los habían transportado hacia el Monumental.
Dos horas debieron pasar para que se restableciera la calma. El descenso de River, vino acompañado con otra triste página del fútbol argentino.
Ahora será el tiempo de la reconstrucción en todos los sentidos. No solamente en lo deportivo. Observar la puerta de salida del sector de prensa totalmente astillada, a la salida del estadio, fue un ícono, la triste imagen del colofón de una jornada triste para River y para casi todo el fútbol argentino.
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