La ciudad entrerriana de Concordia enclavada en un territorio fértil, con riqueza agraria, ganadera, forestal y frutal, donde no faltan las fábricas ni las instituciones ciudadanas desarrolladas, es sin embargo una de las que más pobreza alberga en el país con 43,6 % de personas bajo esa condición.
En 2003, con 80% de habitantes por debajo de la línea de pobreza e indigencia y 18 % de desocupados, en plena debacle económica y social Concordia se erigió en la ciudad más pobre del país.
Hoy, 14 años después y lejos de aquella emergencia, las cifras del deterioro social no son mucho mejores y la ciudad que supo ser capital de la citricultura y atractivo polo turístico todavía muestra que el 40% de sus 180 mil habitantes son o pobres o indigentes, una cifra que supera holgadamente la media argentina del 30%, de por sí muy alta.
Según los datos publicados por el INDEC, en Concordia el 30,5 de los hogares son pobres, lo que representa el 43,6% de las personas. En tanto, bajo la línea de indigencia se encuentra el 5,9% de los hogares y el 8,7 de las personas.
Las cifras fueron reconocidas por Cielo Petit, coordinadora de gabinete de la municipalidad de Concordia, quien admitió que a fines del año pasado la municipalidad tuvo una distribución de 10.000 módulos alimentarios “lo que de alguna manera se condice con los datos del INDEC”.
Esa realidad se palpa en las amplias barriadas compuestas por viviendas precarias que se pueden ver al entrar por el lado Norte de Concordia y fuera de los pintorescos bulevares de la ciudad.
La actividad forestal, la citricultura, el empaque de fruta y la ganadería dejaron de ser el motor de su economía desde hace años y lo único que prosperó en su reemplazo fue el cultivo de arándanos. Un fruto cuya demanda creció de la mano de las modas culinarias y que hoy languidece por la misma causa.
“Hoy Concordia como resultado de la desesperanza y la falta de trabajo cobija a tres generaciones de pobres e indigentes, acostumbrados obligadamente a vivir de subsidios, planes y bolsitas de comida”, le dijo a este diario Cielo Espejo, vecina y candidata a legisladora de la ciudad por la UCR.
El contraste con la pujante Villa Elisa, la otra ciudad entrerriana a la que le dicen “La porfiada”, es evidente. Allí el turismo, la industria alimentaria, la apicultura, la actividad avícola y los tambos han contribuido a su desarrollo.
Qué ocurrió para que en medio de un vergel se diera este “milagro” de la decadencia. Muchos creen que Concordia quedó sumida en una situación estructural complicada cuando se terminó de construir la represa de Salto Grande y muchos trabajadores venidos sobre todo de las provincias del Norte no pudieron insertarse en el mercado laboral local.
Otros atribuyen la debacle a las sucesivas administraciones que gobernaron la ciudad y la provincia desde la restauración de la democracia y señalan como dato significativo que Concordia es cuna de tres de los últimos cuatro gobernadores de Entre Ríos.
En este sentido Espejo señaló a este diario que “el último año del gobierno de Urribarri (Sergio) fue de una gran corrupción y esa es la pesada herencia que le dejó a su sucesor Gustavo Bordet: el abandono de las personas que están sin salud ni educación, sumidos en la pobreza”.
Para Espejo, “Bordet es una especie de delegado de Urribarri, quien influye en la gestión a través de su hijo Mauro, actual ministro de Gobierno y Justicia de la provincia”.
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