La cantante argentina acaba de presentar su nuevo disco desde Brooklyn, Nueva York, desde donde es testigo de los estragos que la pandemia por coronavirus hace en Estados Unidos, como así también de las protestas por el asesinato de George Floyd

Impensado asociar a la chica de Metrópoli que en los '80 le dedicaba una canción Al de contaduría" o se zambullía en un romanticismo profundo ("buceo tu misterio, postal de todas partes", cantaba en "Paisaje submarino"), con la involuntaria corresponsal de la ciudad de los rascacielos. Es que en la vida de Isabel de Sebastián no hay límites, ni techos. Desde Brooklyn la cantante cuenta qué extraña de la prepandemia y se conmueve con las secuelas del virus. "Extraño la libertad de movimientos, encontrarme con amigos o ir al bar cerca de casa a escuchar una banda tremenda", enumera y suma algo más simple como "poder mirar el cielo abierto, los árboles o sentir la brisa. Me prometí valorar más estas cosas cuando todo esto pase". De Buenos Aires extraña sus afectos y "algunas maneras y gestos, esa familiaridad que nunca podré tener con otra ciudad". Lejos del glamour cosmopolita, Nueva York duele. "Me impactó la terrible incertidumbre de no saber si tendrás respirador y que no haya lugar para tantos muertos, tan cerca de mi casa. Me pegó mucho vivir la consecuencia de las desigualdades de este sistema. Estados Unidos es el país con más muertos, con una mayoría desproporcionada hispana y afroamericana". Para Isabel la falta de salud pública es una de las causas. Encima, la tensión se agudizó con el crimen de George Floyd. "Pasé de las sirenas constantes de las ambulancias a las de la policía, con las protestas contra el racismo. Esa lucha me atraviesa, es universal".

Acaso su disco "Corazonada" ("Lo que menos se necesita es el desaliento", reza la presentación) ayude a sanear el presente. Vincularlo con una valija de melodías y sensaciones temporales, la entusiasma. "Es linda esa imagen y creo que sí, es un disco atemporal", describe y realza esa unidad que mezcla géneros musicales como colores. "El disco va apareciendo y te va marcando el camino a tomar. Uno sólo tiene que estar abierto, escuchando algo que viene de adentro, no es sólo racional", asume. Pequeño vals vienés, de Federico García Lorca y Paloma, de Rafael Alberti, no aluden sólo al recuerdo. "No es nostalgia, tiene vitalidad y fuerza". Pensar que el mix poesía-compromiso en referentes como Alberti, García Lorca y Patti Smith, pueda jugarle en contra a los artistas argentinos, la lleva a reflexionar. "Mirá a Mercedes Sosa, nuestra inmensa exponente. ¿Le jugó en contra su compromiso político? Quizás algunos necios no la hayan escuchado por prejuicio, pero es parte indivisible de su figura y eso la engrandece", destaca. "No creo que al artista deba exigírsele un compromiso político, pero no veo cómo puede exigírsele que no lo tenga. Para mí es natural tomar posiciones frente a ciertas cosas, de hecho lo hago, aunque no con las canciones. Ellas hablan por sí solas de una manera de ver y sentir el mundo que excede lo partidario". En cuanto al rock y lo vivido quien supo eclipsar a Spinetta y Cerati se exime de aquel lugar. "No volvería atrás, aprendí a vivir con el tiempo, y no extraño más que a los que quise mucho y ya no están. No es algo específico, más bien esa melancolía de saber lo difícil que es vivir. Igualmente hay una propuesta de ir para adelante y no perder la posibilidad de la alegría", destaca.

Sobre el día post vacuna define: "El establishment es más difícil de mover que un rinoceronte y más feroz que un tigre. No veo que el estado de cosas cambie radicalmente. Sí, ciertas cosas que la pandemia desenmascaró. Los líderes se verán más presionados en temas de salud pública y justicia ante la brutalidad policial y el racismo. En cuanto aparezca la vacuna retomaremos donde dejamos, en la medida que las economías lo permitan". Su tarea a nivel artístico tras Corazonada es una incógnita. "No lo sé! Por ahora me sale más escribir que hacer música. Ya veremos, las canciones son caprichosas, vienen cuando se les canta, y te susurran al oído la melodía", concluye.

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