Extraños y misteriosos agentes aparecieron de la nada. La Torre de control del aeródromo no lo registró
Claudia vive en la localidad entrerriana de Concordia y acostumbra ir los domingos a la zona que rodea el Aeródromo Comodoro Pierrestegui a pasear con su marido.

Semanas atrás, mientras jugaban con su perro, fueron protagonistas y testigos directos de uno de los episodios más apasionantes del presente año.

Es que observaron a un hombre de negro, de una altura superior a los dos metros, bajando de una avioneta con dos maletines y caminando de manera completamente automatizada.

Los expertos en ovnilogía creen que se trata de una visión de lo que ocurre en otras dimensiones, donde estos extraños y misteriosos “agentes” se mueven con absoluta libertad.

El caso ocurrió semanas atrás, en la mencionada localidad, y el testimonio de Claudia derivó en una profunda investigación del equipo Visión OVNI. Así, Silvia Pérez Simondini mantuvo contactos con los testigos, y luego se sumaron a la pesquisa de campo los especialistas Vicky Zeigler, Martín Bertochi y el periodista Matías Hojman.

La jornada del hecho se presentaba tranquila, con Claudia y su esposo recorriendo los distintos sectores del aeródromo, cuando la repentina aparición de un extraño ser los sorprendió. En un principio, los testigos dudaron en revelar la experiencia, pero finalmente decidieron contar todo lo que observaron.

“Estábamos parados con mi marido en el acceso al aeropuerto de Concordia. Cuando nos damos vuelta observamos a un personaje super alto, delgado, todo vestido de negro y que llevaba dos maletines, uno en cada mano. Fue extraño, porque sentimos que nos observaba alguien, y nos dimos vuelta, pero este ser no emitía ruidos ni nada”, describió la mujer.

Según recordó Claudia, el ser en cuestión “apareció de la nada”. Una de las curiosidades del episodio es que en ese momento “no vino ningún auto y tampoco había gente”. Asimismo consignó que “para mí no era un ser humano: medía más de 2 metros, tenía cara delgada, piernas y brazos largos, además el cabello de color colorado”.

En cuanto al comportamiento del personaje misterioso, añadió que “no se inmutó por nada y por nadie, sus movimientos eran mecanizados, similares a los de un robot”. También agregó que “estando a unos pocos metros de distancia vimos que colocaba los maletines en alguna nave y de golpe no se vio más nada”.

“Estábamos muy cerca. Por eso lo vimos. Era muy impresionante la forma en que caminaba, cómo se desenvolvía. Por eso llamaba mucho la atención. Además, era un domingo a la mañana. Y por supuesto no es común ver en ese contexto a un hombre de más de dos metros, vestido de traje negro. Era un traje negro, con zapatos y anteojos circulares también negros. No llevaba sombrero. Tenía el pelo bien corto, como colorado. Su piel era absolutamente blanca. No puedo decir que era albino, porque éstos son más rosaditos. Este era bien blanco”, contó la mujer.

También relató que “se trasladaba con pasos cortos, muy medidos, controlados, sin mover la cabeza, erguido y no miraba otra cosa que en línea recta para adelante”, agregando que “sus manos estaban sin guantes, y podía verse que su piel era blanca, la verdad que todo el cuadro era impactante, nada coincidía con el entorno, pero lo cierto es que ahí estaba, y nosotros miramos toda la secuencia, desde que nos dimos vuelta hasta que volvió a la avioneta”.

“Esa mañana hacía mucho frío. La verdad no sé si emanaba vapor cuando respiraba, como hacíamos nosotros. Hay detalles que uno no tiene en cuenta, que se escapan. Pero sí pudimos observar que sus manos estaban sin guantes, nada las cubría. El cabello lo tenía super corto, casi colorado, y no usaba sombrero”, manifestó Claudia.

A su vez, el marido de la mujer comentó a los investigadores que “fue consultado el jefe de policía y la gente del aeródromo, sobre la existencia posible de registros de vuelo ese día, pero no había nada”.

Claudia continuó sumando detalles del encuentro. “No hizo gestos en ningún momento. No tuvo ninguna actitud extraña hacia nosotros. Ni siquiera nos miró. Honestamente no tuvimos miedo en ningún momento. No le vimos los ojos, porque llevaba anteojos oscuros, negros, con los lentes redondos. Era delgado, altísimo, con los brazos y las piernas larguísimas. Por lo que sabemos, la gente del lugar, que trabaja acá, dice que no hay aviadores con esas características”.

En torno a la pesquisa, fue consultada sobre el suceso una empleada del aeródromo, quien señaló que “los domingos el lugar permanece abierto, en general con personal de la Fuerza Aérea”, relatando que “hay pilotos que tal vez pernoctan en la ciudad y bien temprano se marchan hacia distintos lugares”. Claudia, finalmente, indicó que “hay gente que no cree en estas cosas y piensa que uno está delirando; pero la realidad es ésa, lo que yo conté pasó”.

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